El chiringuito del azud de Beceite está siendo desmantelado estos días, para volverse a construir "unos metros" más adelante.
No hay más preguntas, señoría.
La sentencia es firme después de ser recurrida por el consistorio y ratificada en 2024 por el Tribunal Superior de Justicia de Aragón, por lo que al consistorio no le ha quedado más remedio que contratar, por 2.800 euros, un proyecto de derribo al mismo estudio de arquitectura que redactó el pliego técnico de construcción. (Hacer y deshacer, todo es hacer, y llevar dinero a la saca.)
El quiosco ya está precintado y el próximo paso es iniciar la obra. Un hito para el que el alcalde, José Enrique Celma, (Juan Enrique) no pudo dar ayer una fecha. Sí lamentó, más allá del servicio de bar, que se vayan a perder los baños que se construyeron “por interés social, pues la gente hacía sus necesidades alrededor de la piscina natural y eso no es higiénico; así lo entendieron el Inaga y la CHE, pero no el juzgado”.
El quiosco se construyó en el año 2019 sobre una caseta anterior de unos 10 metros cuadrados que databa de 2011. Sin embargo, un vecino de parcela denunció que el nuevo edificio, que incorporaba bar, no cumplía la normativa urbanística, especialmente en lo que se refiere a la distancia de retranqueo y la edificabilidad máxima. El juzgado le dio la razón. Entendió que en esta parcela de 628 metros cuadrados solo se podía obrar sobre 12,56 metros cuadrados, y no sobre los 63 actuales, al ser suelo urbanizable de protección de regadío. La construcción excedía la rehabilitación del viejo quiosco para dar un servicio de hostelería, algo que el juez discute, sin que sea el fondo, que esté dentro del concepto de uso recreativo."
(Sólo de momento. En verano de 2026 quizás podáis volver a disfrutar de bebidas fresquitas.)
En la obra, la seguridad es lo primero, no el bocata de las 9 con un litro de vino Sensals para que pase mejor.
Errar es humano, y herrar también. Lo malo es que este gasto lo tiene que pagar alguien, y van a ser todos los que pagan impuestos.
Quedan pocos burros de cuatro patas para herrar, pero hay muchos de dos para errar.












