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lunes, enero 07, 2019

dos casas en Beceite

dos casas en Beceite    La Arcadia moderna Colección de églogas é idilios realistas y de epigramas

Un día, fastidiado, sin amorosa gula,
declaré mi pasión á Doña Tula,
mi porvenir creyendo asegurado;
porque se me decía
que en Móstoles tenía
un molino de aceite,
dos casas en Beceite,
viñas en Peñaranda
y tierras en Arganda; 

//
Un dia, fastidiat,
sense amorosa gula,
li vach declará la meua pasió a Doña Tula,
lo meu futur creén assegurat;
perque me díen que a Móstoles teníe
un molí de oli, dos cases a Beseit,
viñes a Peñaranda
y terres a Arganda; 

La Arcadia moderna Colección de églogas é idilios realistas y de epigramas 



 RUIZ AGUILERA. ÉGLOGAS E IDILIOS KRALISTAS OTKA EDAD l)K ORO. I DETEAS DE LA CRUZ EL PASTORES al' natural. DJABLO. LOS MAYORAZGOS. GANGAS DE LA ÉPOCA. I PERCANGES DE LA VIDA. 1 EPIGRAMAS. MADKID: «•alie (le V.ilv.rlí.', muii. ñJ- 'Li. .'Or.' LA ARCADIA MODERNA. LA ARCADU lODERM, COLECCIÓN DE ÉGLOGAS É IDILIOS REALISTAS Y DEl EPIGRAMAS DE D. VENTURA RUIZ AGUILERA. SEGUNDA EDICIÓN. MADEID: IMPRENTA DE ROJAS Y COMPAÑÍA, calle de Valverde, niim. 16. 1867. AM6 2 1920^1 »/ Esta obra es propiedad del autor, quien se reserva todos los dereclios, esperando que le serán respetados más que en otras ocasiones, con motivo^ de algunos traba- Ios suyos, por los que á sabiendas tienen mala costumbre de faltar á la ley. ^ LA ARCADIA MODERNA. La poesía bucólica ó pastoril, á que pertene- cen la égloga y el idilio , presentada por la an- tigüedad , por el Renacimiento y por la Edad moderoa, en alguno de sus periodos, como es- presión artística de la vida del campo constan- temente serena, apacible y feliz en aquellos cuadros, formando contraste con la de las ciu- dades, siempre en los mismos agitada y do- lorosa, existe aun en la literatura de nuestros dias , si bien con las modificaciones en su esen- cia y en su forma correspondientes á las que han ido esperimentando el modo de ser de los pueblos en general , las costumbres rurales en particular , y hasta el aspecto físico de la Na* turaleza en que aquella poesía se inspiraba . — VI — El silencio de la soledad campestre es hoy turbado por el silbido y el atronador resuello de la locomotora : el barreno hace temblar y der- riba montañas con la esplosion de un terremoto para abrir paso al monstruo: la máquina, agente poderoso y complicado de la civilización, ocupa el lugar del hombre, y destierra de la choza y de la aldea los sencillos instrumentos agrícolas de nuestros antepasados ; y hay naciones en que el violin, el arpa, el clarinete y aun mú- sicas enteras (1) todo lo inundan, relegando desdeñosamente al olvido el rabel y la zampo- na : la población de la ciudad invade la aldea, aunque temporalmente , por temor al fastidio, y casi siempre obedeciendo unas veces á la moda, otras á prescripciones higiénicas ó te- rapéuticas ; y en virtud de una especie de re- flujo, la población de la aldea invade la ciudad, sirena que la atrae de un modo irresistible , y que á menudo es elejida como punto de resi- dencia fija ; y en este movimiento vertiginoso, (1) Con respecto á España debe citarse á Cataluña, en donde hasta en las aldeas las sociedades corales, con sus músicas, compraeban este aserto. (N. del A,) — VII — en esta fiebre espansiva , en esta visible y recí- proca fusión (á que en primer término, quizá, contribuyen la baratura y la rapidez de las co- municaciones), vánse borrando de la ciudad y de la aldea los rasgos verdaderos y aun los convencionales característicos, la fisonomía in- dividual que las diferenciaba en otros tiempos. ¿Qué pastor, qué campesino contemporáneo oye la voz de las divinidades con que la mito- logía clásica pobló el encantado retiro de los bosques y de las aguas , siendo cada una de ellas la poética personificación de un objeto real ó de una idea abstracta ? Las dríadas y hamadriadas, las potámides y meliadas, las nereidas y napeas , discurren por la cima del Parnaso como sombras de un mundo muerto, á las que el actual, que presume de piadoso, no dejará de conceder sepultura para in etemum. Fuentes que antaño se hallaban, según los poetas , bajo la custodia tutelar de amables y graciosas ninfas, y que eran del dominio común (porque, como Cervantes dice , no había tuyo ni mió) pertenecen hoy al dominio privado, ga- rantido con títulos de propiedad , de redacción prosaica y curialesca, y el duefio confia sn — VIII — gaarda, ya á un gañan de aspecto feroz y ás- pero trato, provisto de escopeta, capaz de cual- quier desaguisado , ya á un mastin con carlan- ca , pronto á lanzarse al que , sin permiso com- petente, pretenda invadir la finca en que el mur- mullo del agua y la vid cargada de racimos despierten sus apetitos. Pan no toca ya la flauta adornada de primorosas y prolijas labores, cuyo sonido ablandaba los do ros peñascos ; y por lo que respecta al pellico pastoril y al proverbial cayado, lleno de curiosos dibujos hechos por hábil mbuo, en muchas partes han tenido que ceder á la cachiporra tosca de vulgar encina, y á la chaqueta con que también cubre su cuerpo el artesano de los grandes centros. Acabáronse los dias del Cantar de los can- tares , Mi alma se ha empleado Y todo mi candal en su servicio : Ya no guardo sanado , Ni tengo ya otro oficio. Que ya sólo en amar es mi eiercicio (1); y aquellos otros en que las selvas resonaban (1) San Juan de la Cruz. La noche escura. — IX — con el acento del cisne de Mantua, cuyo eco ha llegado á nosotros y ha de trasmitirse á la más remota posteridad : Ipse te, Tityre, pinui, Ipii te fontei, ipsa heec arbuita voeabant (1). ¡Oh Titjn^o, los pinos, estas fuentes y arbustos te llamaban ! Pasó la Edad de oro y vivimos en una en que precisamente , si no todo , mucho anda al revés que en la antigua. ¿Carecerá, por ventura, del sentimiento de la Naturaleza nuestro siglo?... No por cierto, si bien es innegable que la influencia del culto grosero que las generaciones actuales rinden á la materia , se refleja , como no podia menos de suceder , en el arte y en la literatura , salvas las escepciones que deben hacerse en favor de al- gunos espíritus privilegiados , en cuya€ obras resplandece el ideal de la Naturaleza compren- dida bajo un nuevo y superior concepto al que se notaba en la antigua bucólica, modelo (sobre todo en la parte descriptiva) y con mayor moti- (1) Virgilio. Égloga I. — X — YO en la pseudo -clásica, la cual nunca ha res- pondido á las verdaderas interpretaciones que el arte exije, y aun se entretiene lastimosamente en reproducir á Virgilio , esto es , la mecánica y servil imitación esterior de Virgilio. En una palabra, la verdadera poesía campestre moder- na ha hallado, sobre la perfección estema en que los clásicos sobresalieron , profundos y más ricos tesoros; ha hallado el alma, por decirlo asi, de la Naturaleza, que no es ya para el verdadero poeta un simple teatro de la activi- dad humana, sino un mundo entero, vivo y animado , real- y sustancial. El poeta recibe con gratitud la herencia sa- grada , el patrimonio que las edades que pasa- ron han ido acumulando dorante su curso ; por eso, cuando todos los hombres callan, él les consagra recuerdos melancólicos en la epopeya y en la elegía; pero el poeta, ahora como siem- pre, se inspira, además de los sentimientos personales, en los sentimientos, en las ideas, en las costumbres y en los intereses generosos de su época, y heraldo del porvenir, marcha delante de la columna de fuego que alumbra el camino de la humanidad. bicen algunos críticos, y es digno de notarse, que se ha obser-vrado constantemente el fenóme- no dé que los más célebres poetas bucólicos han aparecido en épocas de gran cultura de las na- ciones en que florecieron ; y que en su conse- cuencia, los progresos de la civilización no son motivo suficiente para desterrar de la literatu- ra el género pastoril, aludiendo sin duda al clasico-mitológico. Mosco, Bion, Teócrito y Virgilio , entre los antiguos ; el arcipreste de Hita , Garcilaso , Juan de la Encina , Guarini, el Tasso, Balbuena, Gessner y Melendez en siglos posteriores , pueden servir de ejemplo; y sin embargo , basta <íitar estos nombres para destruir las bases de aquella observación, cuya exactitud más que real, es aparente. En las églogas de Virgilio (la gran voz de la musa latina), modelos de elegancia y de arte, hay ya menos candor, menos sencillez, menos abandono que en el Cantar de los ccmtares , incomparable égloga de la Biblia cristiana, y que en la bucólica griega, composiciones más inmediatas que aque- llas á las edades primitivas. Compárese á Garci- laso y á Balbuena con Gnarini , con Gessner y con Melendez, y se obtendrá idéntico resultado. — XII — Pero bí la poesía bucólica greco-latina ha muerto (;Dios la perdone!) , ó mejor dicho, está á punto de morir , por más que el galvanismo aplicado á la moribunda por algunos versifica- dores simule los fenómenos de la salud y de la vida, la poesía de la Naturaleza, la poesía del campo , es eterna é inagotable en sí misma , y sólo pide hoy , según he manifestado , nuevas y superiores interpretaciones. Lo que pasa , lo que se agota , son las maneras de concebirla y sentirla, y así vemos suceder á los que en su época la concibieron y la sintieron mejor , los Schiller, los Goethe y los Uhl and, en Alema- nia; los Southey y los Burns, en el Reino-Unido déla Gran Bretaña; Leopardi, en Italia; Vigny^ en Francia , etc. ¿ Quién lee ya á los modernos representantes de la bucólica clasicista ? ¿ Qué interés inspiran los idilios de Martínez de la Rosa hoy, esto es, cuando su tumba apénaa acaba de cerrarse? ¿Cómo pudoMelendez, cuyo Batilo tantas bellezas tiene, componer, sin vio- lentarse ni conocer lo fútil del asunto, vein- tiocho odas á la palomita de Filis? ¿A quién DO aflijón las simples anacreónticas de Lista^ ilustres varones todos ellos, dignos, por otros. — XIII — títulos y producciones poéticas, de alto re- nombre? i Qué palidez, qué melosidad, qué empalagosa y afeminada ficción de sentimien- tos ! ¡ Qué idea tan errónea de los afectos no ha echado de ver la crítica racional de nuestros días, en muchas obras artificiales que por mo- numentos de gloriase estimaban I En general, la bucólica. del siglo xviii y co- mienzo del presente, era falsa, ridicula y pueril: el romanticismo vino á darle el golpe de gracia con su piqueta revolucionaria. Sin embargo, posteriormente, y concretándonos á España , se ha pretendido resucitarla , suprimiendo los nombres y el guardaropa clásico -mitológicos y bautizando á las Amarilis y Amintas, á los Sa- licios y Nemorosos, de origen pagano, con nombres más católicos , digámoslo asi : las An- tonias y las Marujas, los Bartolos y los Pepes, las Robustianas y los Toribios, habitantes del campo , y según es de suponer , llenos de una virginidad , de una inocencia, de una terneza y de una dulzura que no se observan todos los dias en tiempos tan lejanos de los patriarcales como los que corren , danzan en los romances, si no al son de zamponas y rabeles, al son de los — XIV — instrumentos ya mencionados ; y vestidos, por más señas, con faldas de percal y pantalón de paño. A esta bucólica, pues, casi tan falsa como la que salió del Renacimiento , opongo yo el rea- lismo de mis cuadros, contraste que hará ver lo descaminados que andan y distantes de la verdad real y aun de la artística , los que , por no caer en el prosaísmo, dan en otro más censurable estremo , si cabe. Ya la bucólica de que se trata fué, en compo- siciones sueltas y sin lazo común que las uniese, ridiculizada, hallándose en todo su auge, por algunos ingenios, aunque no con la energía correspondiente á lo que el interés del arte re- clamaba. Conocido es el soneto de Bances Can- damo á la Vida pastoril ; pero no resisto á la tentación de trasladarlo aquí, siquiera para au- torizar en el ánimo de los que lo ignoren , las palabras con que la voy juzgando. Dice así : Ghtna me di6, leyendo las estrañas Cosas que los poetas noveleros Cuentan de los pastores y cabreros. De habitar en sus rústicas cabanas. — XV — Pero llegando ayer á estas montañas. Ajos les vi comer , y no pucheros, Y apenas contra vientos y aguaceros Eran su abrigo techos de espadañas. Vüos con una eterna vigilancia. No les oí canción, en mi conciencia, A quien la flauta hiciese consonancia. "¿Esto, — dije,— es vivir con conveniencia?! r íAy, amigo Fileno! Gran distancia Hay desde la ilusión á la esperiencia. Háse querido también hacer didáctico este género de poesía. Si alguna vez la teoría del arte por el arte pudo legitimar la intransijen- cia de sus principios , fué cuando ofreció á la admiración de la crítica los encantadores mo- delos que Grecia y Boma nos habían legado. Efectivamente, en aquellas obras maestras ningún fin de utilidad práctica para la vida se descubre : realizar la belleza ; hé aquí el pro- pósito casi esclusivo y constante de los poetas de entonces. Cuando querían ensefiar y correjir más directamente , apelaban al apólogo , á la epístola y á la sátira , prestando inteligencia, moralidad y palabra á cuantos seres y objetos pueblan el universo. Hoy es mayor el abuso: hasta en la poesía á que me refiero , y en los — XVI — géneros afínes, todos los reinos de la Natura- leza , aun el mineral , filosofizan , y no por es- cepciou , no por milagro , sino por sistema y por costumbre, y con tal profundidad y elo- cuencia, que no es necesario concurrir á las aulas para graduarse de doctor en las distintas facul- tades que se conocen. La poesía lírica , que es de todos los géneros el más desinteresado, pueie y debe enseñar, enseña de seguro ; pero de otro modo , y huyen- do de las pretensiones y de las formas didácti- cas, porque es, como si dijéramos, espejo de lo bello, porque lo bello educa y es educador por sí mismo; 1.°, para la fantasía y el senti- miento ; 2.° y mediante éstos , para el espíritu en su totalidad: en fín, porque en el arte la be- lleza de las entidades por él creadas , supone implícitamente los nobles atributos que la razón descubre en una criatura real perfecta. La hermosura, el silencio, la quietud, la so- ledad del campo , en una palabra, el espectácu- lo de la Naturaleza, ha sido , es y será siempre motivo de inspiraciones sublimes; pero el actor, la figura infeliz y las formas de la bucólica neo- pagana, que es la que combato, desaparecerán — XVII — completamente de la escena , quedando lo «temo, es decir, el fondo, el paisaje, el templo, en el cual podrá el poeta dirijir al cielo su ora- ción , el himno revelador de los esplendores y maravillas visibles de la vida universal , que asimismo palpita bajo el manto de nieve , de rocas ó de flores con que la Naturaleza se cubre. Veamos cómo. El poeta contempla , verhi gratia , una mon- tafia, que contiene en si , con toda la hermo- sura , todas las imperfecciones de lo temporal. Beproducida en su espíritu la imagen de fuera , y no satisfecho todavía con esta visión mental, para esteriorizarla de un modo artístico no la desnaturaliza, como equivocadamente se ha hecho, creyendo aumentar sus atractivos, sino que la despoja de los accidentes contrarios á la belleza ideal, según él la siente, le infunde parte de su propio ser , espresando las relacio- nes del estado de su alma en aquel momento con los fenómenos esteriores del mundo mate- rial y con los que ha descubierto en su seno misterioso ; y la imagen , producto de esta ope- ración del espíritu, entra desde luego en el mundo del arte como una realidad depurada. 2 — XVIII — Cuando hay repugnancia ó antinomia entre el ideal del poeta y el objeto sometido á su con- templación fantástica , el arte la formula por medi» de esas protestas que en las artes plásti- cas llamamos , por ejemplo , caricaturas y en la poesía sátiras , composiciones cómicas, etc. . Hé ahí , pues , el origen del humor ó del hu- morismo, nombre que, según he dicho en otra parte (1) , bajo un sentido general abarca las infinitas oposiciones que reinan entre el ideal subjetivo del artista y la realidad objetiva (2) en que vive, espresando constantemente esta última ; pero con sujeción á la ley esencial, in- terna, propia de las cosas, imperfectamente realizada por éstas en el tiempo. (1) Prólogo á la colección de algunas de mis poesías es- cojidas, titulada Inspiraciones. {N. del A.) (2) Al usar estas palabras, yo, que aborrezco todo alarde intempestiyo de erudición, y que procuro huir de cuanto se le asemeje, declaro que lo hago porque con eUas se evitan muchas perífrasis fastidiosas , y porque es ya hasta una vergüenza que en nuestra patria las ignoren, y si las comprenden, que las ridiculicen personas que no carecen de ilustración* La estética, no me cansaré de repetirlo, es hoy una ciencia con su lenguaie propio, ni — XIX — Dedúcese de lo expuesto, que no ha de en- tenderse , ni por asomo , escluida de la litera- tara la poesía de la Naturaleza ; que en nuestros dias existen cuadros de felicidad en el seno de los montes y de los valles; que el campo ofrece y ofrecerá siempre poderosos encantos (sin que se entienda que yo le dé preferencia sobre las ciudades) , y que en sus habitantes pueden ha- llarse agrado , ingenuidad , dulzura en el trato y pureza de costumbres ; pero de esto á presen- tarlos como únicos y esclusivos partícipes de tan preciosos dones y de una bienaventuranza eterna (tan rara desgraciadamente en toda clase de personas, y acaso más que en nin- guna, en los pobres que se dedican á las rudas faenas agrícolas y á la guarda de los gana- más ni menos qne la botánica, la anímica, la astrono- mía, la medicina, la jurisprudencia, etc. ¿Qué más? Hasta las artes mecánicas tienen su tecnicismo especial; y sin embargo, á nadie le ha ocurrido censurar, sobre todo no abusando, al zapatero, al carpintero y á la costurera que nos hablan respectivamente de la cheira, del berbiqui y de las battillas, Al que ridiculice la estética por igno- rancia, debe aconsejársele un remedio; que estudie: al que la ridiculice por malicia, debe compadecérsele. (N. del A.) — XX — dos) , fundando sobre los frágiles y vanos ci- mientos de una teoría conyencional todo un sistema de literatura, existe inmensa distancia. Donde no hay verdad , no hay poesía. El que quiera formarse una idea de cómo la bucólica sencilla y espontánea de la antigüedad ha lle- gado á nosotros , lea á los poetas franceses del tiempo de Luís XIV, fije los ojos en las nove- las de Florian , contemple ciertas estampas y países de abanico iluminados, que representan escenas pastoriles, y la risa asomará á sus labios. ¡Qué Naturaleza aquella tan emperejila- da , tan simétrica , tan uniforme I { Y qué acto- res los de aquellos cuadros ! Cielos sembrados de colores rabiosos; plantas y árboles trasquila- dos por la tijera del jardinero; zagalas discre- tísimas, con sombreritos de paja de Italia, largos bucles y faldas de bailarinas de la Opera, llenas de colorete , de cintas , de lazos y de encajes; pastores declarándolas su atrevido pensamiento ó tomándose ciertas libertades un tanto peca- minosas, ataviados de casaquilla, chupa, calzón corto , peluca empolvada como si saliesen de manos de un artista en cabellos (que dicen al- gunos), media de seda y escarpines : palabras, gestos y actitades teatrales... Hé ahí, con leves variantes , segnn los pueblos , el carácter y la espresion del género de que se trata. Fáltame ahora esplicar el título déla presen- te obra. Dicen los historiadores , refiriéndose á la Arcadia, «que en los frescos valles del Ladon, del Erimanto y del Alfeo , y en el delicioso de Megalópolis, habitaba un pueblo, pastor y agrícola á un tiempo , y aficionado á la música, raza de costumbres dulces, que congervaba algo del carácter pelásgico que no se encontraba ya en las ciudades ; y que á aquel pueblo deben referirse las tiernas imágenes de la vida pasto- ril que de él tomaron los poetas antiguos.» La Academia de los Arcades, fundada en Boma á fines del siglo xvii, en la que cada uno de sus miembros se distingue con un nom- bre raro, y estrambótico á veces, no ha tenido principalmente otro objeto que conservar la afición á esta bucólica de douhlé , cultivada asimismo en España por Melendez, Lista, Jo- vellanos y otros , llamándose respectivamente Batüo, Anfríso, Jovino, etc. Usada en poesía la palabra idilio como sinó- nima de cuadro de la vida pastoril , en el con- — XXII — cepto de vida sosegada y dichosa , el lenguaje común la usa también hoy con frecuencia, por estension, punto menos que como sinónima de icíeal realizado , y aun suele localizarse en las grandes poblaciones el paisaje , bajo la forma de cuatro paredes sucias, desmanteladas y f rias, con un camaranchón desvencijado y sin una mala silla en que sentarse. En Los Miserables de Victor Hugo hay un capítulo con este epí- grafe : El idilio de... no recuerdo qué calle. La escena de este idilio... urbano^ pasa en París. ] Figúrense mis lectores qué pastor citos habrá en la capital del mundo civilizado^ según llaman nuestros vecinos ultrapirenaicos á la populosa villa, cuyos jardines son Mabille y el Chateau des Fleurs I Pues bien : el idilio , el ideal con- temporáneo de muchos, es la realización de los goces sensuales, y este es el idilio, este el ideal cuya pintura he tratado de bosquejar á la ma- nera realista y estilo humorístico , en la pre- se nte obra. 1867. -V. R. Aguilera. IDILIOS Y ÉGLOGAS. OTRA E3DAD DE ORO. (idilio social.) ¡ Cuánto cisne canoro, empuñando rabel ó guitarrillo, no celebró la edad que llaman de oro , oro mucho mejor que el amarillo I Tengo yo, sin embargo, la sospecha de que esa edad es cuento de la cruz á la fecha; invención peregrina que vino propagando tras de la musa griega la latina. — 28 — y compitiendo con latina j griega el Fénix español, Lope de Vega, sin contar que también pagó su escote el que al mundo asombró con el Quijote, Mas, aunque haya existido y á muchos les dé grima no haberla conocido, yo digo: «Nadie gima, ))pues de esa dulce edad, edad-confite, ))la segunda edición hoy se repite.» ¿Quién me da una bandurria, una vihuela, y si no, un tamboril?... Estoy rabiando por cantaros al par las dos edades, en tono así..., entre réquiem y zarzuela, un paralelo entre las dos formando; si bien todo atestigua que es mejor la moderna que la antigua. Dicen que antiguamente desnuda iba la gente, pues era la inocencia de vista corta y de feroz conciencia: — 27 — hoy, en el mes de Julio, porque suda, y en Diciembre, tal vez porque tirita, sale medio desnuda á lucirse la hermosa Mariquita; y los tiernos donceles que la persiguen fieles BÍn que el pudor los venza, andan también desnudos de vergüenza. En esta mascarada la Verdad solamente va tapada, pues ni en el siglo que corriendo vamos , ni tampoco en los siglos venideros se vi6, ni se verá jamás en cueros: ¿dije en cueros? ¡qué risa I Verla una vez quisiera yo, en camisa. Allá en la edad primera fué todo primavera; no hubo otoño , ni estío ; nadie las uñas se chupó de frió. En la presente edad , Abril eterno es el rostro de muchas — 28- ciudadanas machuchas que de la vida están en el invierno, y que acuden, no en balde, á Santa Flor de Arroz, moderna santa, pidiéndola el milagro que obró en tanta con San Carmin j el buen San Albayalde.. Otras, damas gentiles, dándose todo el año de Venus con el paño, conservan siempre frescos sus Abriles; y la que largas cuenta navidades cuarenta, dando hacia atrás un brinco, se planta en veinticinco, y de allí no la arranca, ni á cachetes, el cuerpo de civiles y corchetes. El hombre de pesetas, egoista, y el candido optimista (que en dulce calma y beatitud reposa > y aunque el mundo reviente, dice que el mundo va perfectamente). -29 — todo lo encuentran de color de rosa, color con que, mostrando gusto y celo, pinta Mayo la tierra y pinta el cielo. La tierra era de todos : limpio de sabandijas el campo entonces , con señales fijas é irresistibles modos, que obligaran á un bruto , brindaba al transeúnte rico fruto. Aquí , un tronco lozano , doblándose decia: ((Chico, toma, ))6 te rompo el testuz con una poma.» (Advertencia: Ib. poma y en castellano, es el fruto sabroso del manzano). Allá , chorros de vino brotaban de las cepas, ciento á ciento, á orillas del camino; y si falto de aliento llegaba un peregrino , como era el licor gratis , y, á más, no se estilase decir satis y — 30 — quépale 6 no le quepa, un cuartillo tras otro se bebia de jarabe de cepa, sin faltar al decoro; luego, á veces, solia pernoctar entre Pinto y Valdemoro. Nadie lo ha visto en lápidas , ni bronces, pero todo repito que era entonces común: el campo, el rio, el monte , la llanura , la caza, la verdura; jamás se conoció tuyo ni mio\ bien que ogaño tampoco, pues lo tuyo y lo mió, entre consumos, el subsidio industrial , que es otro coco , el casero , que gasta buenos humos , la moza que nos sirve y mal pecado , y compra en el mercado , y el perillán que vende y con ella se entiende , practican un completo comunismo ; -Zi — mejor no lo soñaba Fourrier mismo. Con el lobo la oveja formaba antaño fraternal pareja ; palomas y milanos parecian hermanos ; toda garra y colmillo se escondia, ya fuera diplomacia ó cortesía, como esconde sus uñas un tunante bajo la piel hipócrita del guante. Hoy también son ejemplo del consorcio que débilmente pinto , diversos animales en costumbres é instinto ; y aun algunos iguales en instinto y costumbres , que pudieran causarse pesadumbres (y hasta en furiosa lid quedar difuntos), suelo encontrarlos juntos , y hacen que aquel proverbio aquí recuerde, de que un lobo á otro lobo no le muerde. Entonces en el viento — 3i — la flauta pastoril sonó á menudo^ con tal primor, que dudo que le pueda igualar la de Sarmiento. En coro acompañaron á las flautas con voces tiples y con tonos graves los grillos y las aves juguetonas é incautas, y los zagales y mozuelas rubias sembrando coles , nísperos y alubias. Ahora suena el canon, y el clarin suena; ¡todo es sonar I Sollozos y alaridos suben, suben, y suben á la escena desde los antros lóbregos , perdidos de nuestra sociedad en lo más hondo ; infierno terrenal, en donde gimen miseria y esplendor, virtud y crimen. Y suenan — otro sí — cuervos y grullas, y gansos roncos, y parleras ranas, en figuras humanas, subiéndose á la cima del Parnaso donde cantaron Lope y Garcilaso. -33- Antes en el Parnaso gran cosecha cogíase de gloria, y la ambición quedaba satisfecha, 8Í no miente la historia. A muchos les parece que de entonces acá media un abismo, pero hoy pasa tres cuartos de lo mismo; sólo que, á más de gloria, ya los vates (aludo á los que siembran disparates y alfalfa para el público inocente) recogen, aclamados por la gente, botas , chalecos, guantes , pantalones , vino, muebles , perdices y jamones, ya en papel de color, papel-moneda, ya en la forma y metal de la que rueda: en tanto, el que arrojó sana semilla ayuna en su buhardilla , si es que no se mantiene de amarguras; y el que siembra la luz, se queda á oscuras. Sin red y sin anzuelos el mar daba pescado en escabeche ; — 34- corrian arroyuelos de almíbar y de leche. En nuestro siglo , arroyos corren de impuro cieno, sangre y llanto, con tantísimo sapo y trucha tanto, que, en vez de apellidarlo de las luces (pues, en verdad, hay muchas), llamarse debe siglo de los truchas. Postrábase el león al pié del hombre; el tigre , el cocodrilo, y la pantera convertida en cordera, lamíanle la mano, sumisos arrastrándose á sus plantas sin llevar intenciones poco santas. Postrados ahora veo al artista y al sabio ante un idiota que debiera comer paja y bellota, y á quien la suerte encaramó á la cumbre de donde el maná llueve que aquí todo bribón 6 necio bebe. Miro, asombrado, al escritor lamiendo —as- ios pies de quien ^ el Christus no sabiendo^ á sus caprichos lo esclaviza y fallos; las leyes á los pies de los caballos, y la fé y el honor, rotas las alas, por el suelo en mercados y antesalas. Mil cosas producía la tierra por sí sola ; á nadie trabajar se le ociirria; todo el mundo se echaba á la bartola , pues el que más hacia, no hacia más^ sobre todo en las Españas, que extasiado mirar las musarañas. Nada la edad presente á la primera edad envidia en eso ; el que trabaja, ayuna y pierde el seso; el que nó , come y vive alegremente. No se usaban ladrones en caminos, en mar, ni en poblaciones, limpios de ellos mejor que con escoba : tampoco ahora se roba ; ahora se hacen negocios , -se- para ocupar los ocios ; 6 usando otro lenguaje más ameno ^ se administra lo ajeno. {Dichosa edad aquella^ en que el hombre vivia con BU media naranja, horrible ó bella, ya so el techo de gruta honda y sombría , ya vagando por valles y montañas de temple tibio y de verdor eterno , sin chozas, ni cabanas, ni leyes, ni gobierno I ¡ Grobiemo I... ¿para qué? ¿Para qué leyes, si eran los hombres mansos como bueyes , y aun de ellos el de cólera más fina incapaz de hacer daño á una gallina?... ¡Pero envidiable edad, edad dichosa, la edad en que vivimos los que con gran placer de ella BScribimoB! ¡Feliz ¡ oh tú I mil veces, sobre todo, descendiente del árabe y del godo , español envidiado. — 37 — á vivir sin gobierno acostumbrado^ sin que por esto pierdas el consuelo de engordar y engordar como tu abuelo I ¡ 'Félizy oh tú...I Mas ya mi canto cesa^ canto que no me atrevo á llamar oda ; y supuesto que es moda que seguir me interesa, me despido por hoy á la francesa. 1864. PASTORES AL NATURAL (1). (ÉGLOGA AMATORIA CAMPESINA). A. D. Gregorio Cnuada Tlllaamll* Largo, flacucho, de color de muerto, chupado de mofletes y anguloso, muy pródigo de hocico, á lo goloso, nariz de apaga-luz y pati-tuerto; estaba un tal Mamerto {pastor enamorado hasta las cachas, (1) Esta Égloga fué leída por mi en una de las recepciones literarias del Sr. Cruzada VillaamiJ. Hago esta indicación para la mejor inteligencia del breve diálogo entre El Público y Yo, que verá el curioso, si lo es tanto, que llega á leerlo- (N.delA.) — 40 — por su mala ventura) en árida llanura un caldero zampándose de gachas; sin acordarse^ aunque el amor le seca> en el momento aquel más de su novia (¡tanto el hambre le agobia!) que del que asó primero la manteca» Con postizos colores no me atrevo á pintar á los pastores como se usaba cuando Dios quería > y como quieren muchos todavia: á mí, que soy crístiano, católico-apostólico-romano, jamás, por vida mia, me ha gustado mentir, ni en poesía. De Mamerto no lejos, y sin sombra^ claros ríos, ni fuentes, una tierra espigada, por alfombra, royéndose las uñas con los dientes (tijeras naturales que gratis nos dá el cielo á los mortales) — 41-. otro pastor. Canuto, limpio, como se vé, pero muy bruto, de crecidas orejas, bizco, pauzudo, chato, con la cara redonda como un plato, las ásperas guedejas tendidas por la frente y los carrillos cual espeso manojo de cardillos, miraba cómo el otro compañero iba desocupando su caldero, sin decirle siquiera (¡cosa estrañal): ((Arrímate y rebaña;» quizá, quizá se temería el tríste que el buen Canuto lo dejase alpiste; ¡tanto puede en los grandes corazones el hacerse prudentes reflexionesl Los dos mancebos, pues, fieles amigos como el mosquito del vapor del mosto, gozaban sin testigos las dulzuras del sol Era en Agosto á la hora en que tumbadas panza arriba — 42 — sobre espinosos cardos y pizarras^ sueltan su voz festiva con entusiasmo doble las chicharras: no siempre han de tener los ruiseñores privilegio exclusivo de cantores, que, aun en cuestión de arpegios, repite el siglo: «¡Abajo privilegios!» Formaban el concierto vespertino que á describir no atino, relinchos que imitara el vate Rabadán si despertara; chillones gavilanes destacados en pos de palominos atontados; el moscardón, que zumba monótono, sochantre de la bárbara capilla: y en más agudo tono, el cínife también de trompetilla, que clara ampolla en nuestra piel levanta, y luego vuela, y la victoria canta. Los idilistas bufarán de tedio cuando les diga, y fuerza me es decirlo. -43- que allí no ee encontraba un solo mirlo, ni un solo colorín para un remedio. La frescura del campo deleitosa (treinta grados mas cinco sobre cero) convidaba con goce verdadero á la turba de moscas pegajosa, que desde lejos olfateaba el bulto de un jamelgo insepulto quizá porque pació (¡tiempos fatales!) en pradera de bienes nacionales. Cabizbajos enmedio á la campiña, cuerpo á cuerpo arrimado para evitar sin duda un resfriado, allí el cordero lleno de morriña; la oveja allí, cuyo vellón se pela, y que, sin alas, al sepulcro vuela; el cabritillo tísico; la floja madre enfermiza, derrengada y coja; los dos hatos, en ñn, en que dilata su dominio la terca garrapata, amenizaban tanto el cuadro bello..... — 44 — que no hay necesidad de encarecello. Bosas^ lirios, jazmines y claveles, dalias, céspedes, nardos y mosquetas, geranios, mirabeles, jacintos y violetas (de que hacen gran acopio los poetas, y consume la gente bonachona que una vez á ese pasto se aficiona) de allí desparecieron como el humo, por lo que llevo dicho del consumo. Pero un hijo de Apolo, charlatán y maligno codno él solo, reveló al pobre público un ultraje de que denuncia autores á los bardos que abusan de las flores, gritándole con voz semi-salvaje: «¡Público, mira que te dan forrajel» Mas no por esta causa menos vario resultaba el campestre silabario: con elocuencia muda que estúpido gañan comprendería. — 46- enseñaban moral filosofía del seco prado la extensión desnuda^ imagen de la nada y de la poesía ya citada; la zarza inextricable, símbolo verdadero y admirable de muchas leyes — pésame decillo — que, más que leyes, son revuelto ovillo; el jaramago vil, el cardo adusto, y la retama triste, amarga al gusto, cual desengaño al corazón que llora en lazos preso de amistad traidora. Y porque nada falte, un hediondo cenagal corrompíase cercano, trasunto fiel del corazón humano; de cuyo negro fondo salian á montones por sus lóbregos nichos (como suelen salir nuestras pasiones), sapos, ranas, culebras y otros bichos: además pero baste; aquí hago punto. -46- y dejo que moral predique enfático el diablo^ que hoy se mete á catedrático; aunque hay quien, conociendo su ralea^ le dice: «Para el diablo que te crea.» Mamerto, que concluye su banquete (abundante, eso sí, comió por siete), con el pulgar santigua un gran bostezo; bosqueja un esperezo que otros en larga colección promete; • limpiase con las mangas el hocico que uno suelta y recibe otro herrete; de agua turbia se bebe media azumbre; se acerca al otro chico, y según es costumbre entre pastores bien nacidos, guapos, asi sacaron á lucir sus trapos, rebuznando fragmentos de su historia dignos de conservarse en la memoria. MAMERTO. «Denque te vide antier con el tio Churro — 47 — me está escarabajeando la concencia: ¿qué platicaba contra yo ese burro? Pus mira que si apura mi pacencia^ le endilgo una razón con mi garrote que los sesos le meto en el cogote. CANUTO. El probé no pudía con la mona; que si nó, ¿le habería premitío mormurar de la tuya y mi presona, sin rompelle las patas y el sentío? A más que, promediando, el pregonero saltó y dijió: «A dormirla, caballero.» MAMERTO. ¿Qué tuvió que dicir de mi conduta esa sirpiente estuta? CANUTO. Mormuraba que ogaño no ha de quedar cabeza en tu rebaño; -48 — que son luengos tus robos y se los apropíncuas á los lobos; que aguas la leche y cántaros escondes do naide pueda vellos, para dempues vendellos, y ansí mesmo á tus amos correspondes. Para poste y remate añidió la añidura, de que tu enfermedad no tiene cura hasta que no te aprieten el gasnate; que en el prósimo Julio feniquito (no embargante un cabrito) faltaron diez ovejas. MAMERTO. . ¡Qué calunial ¡Borracho! ¡traidorl ¡leve...! Tú bien sabes que sólo cogí nueve. CANUTO. Por esa cercustancia^ en aquel auto me quedé tuplifláuto. — 49 — MAMERTO. ¡Ay, Canuto, qué pena! Ya no pué ser una presona güeña. CANUTO. A mí mesmo tamien ese tío pocho me apellidó garrafiñante de ocho, y solo jueron siete... y un borrego sarnoso, morimundo, y tuerto... y ciego. MAMERTO. ¡ Velay cómo se pierden furecidos más de cuatro endividos! Topárale yo agora, y le arrancara los ojos de la cara, pus le tengo un aquel, que si sabierásl me faltan pa dicirlo esplicaderas ; pero soy propetario, si me pongo, á sacarle el redaño pa un mondongo.)) A tal punto llegaban, y en tal punto — 50 — el importante asunto j plática discreta á cortar vino un amable vecino, iris de paz en líiás de una camorra, de la comarca oráculo, apoyado en un báculo que pudiera llamarse cachiporra. Infundía respeto y casi admiración el tal sugeto á las almas sencillas: su nariz en cuclillas, aquel mirar ladino, la calva de color de pergamino, los párpados con gracia remangados, y bordes sin pestañas, pero en cambio con blancas telarañas y de rojo cordón ribeteados; de la escamosa cara las arrugas (surcos que aró la edad sembrando en ellos garrafales verrugas) y los ralos cabellos —Si- atados á manera de cerquillo con un ochavo escaso de hiladillo, la mollera ciñéndole cual orla que en la parte anterior concluye en borla... todo esto y otro tanto, prestaba cierto encanto al venerable Vargas, y por mal nombre el tio Zangaslargas. Mamerto le consulta cómo ha de proceder con quien le insulta, que el pobre no lo sabe; y obrando con prudencia, quiere oir la esperiencia de aquel santo varón, sesudo y grave. Zancaslargas vacila, que el caso es peliagudo; y permanece mudo, mientras consejos hila que ya ensaya su lengua balbuciente á causa de tres vasos de aguardiente que antes bebiera por refresco sano; — 62 — ¡como que es el mejor en el verano! Tose, escupe, se rasca, se relame el labio turbio de color de mosto (que es también gran refresco para Agosto), y antes que le reclame segunda vez consejo el ofendido, con tal dictamen lo dejó aturdido: ZANGASLARGAS. ((Dios me entiende, rapaz, y yo mintiendo: pus vamos al dicir... ¿qué iba diciendo?... Finalmente, y perúltimo, mochacho, cuando te sobre un cacho de oveja, me lo das, y requi-terna lo comemos los dos en la taberna. MAMERTO. ¿Y qué tengo de hacer con ese burro? ZANGASLARGAS. ¿Con quién, con el tio Churro? -53 — Pa mi la cuenta es llana; pus^ I1ÍJO3 harás... lo que te dé la gana.» Mamerto vá, y pregunta al otro chico: «¿Y tú que me consejas, gran borrico?» y Canuto responde: «¿Vá de veras...? Ya sabes mi piñón... has lo que quieras.» EL PÚBLICO. ((Seor mosca, la paciencia se me apura; acabe ya, por Dios, mire que es hora. YO. Eso haré, así que trace una figura que falta en este cuadro; una pastora. EL PÚBLICO. De pastoras prescinda. YO. El se lo perderá ¡porque es tan lindat -64- EL PÚBLICO. Si confieso que sí, será un portento; (y el único será de todo el cuento). YO. Entienda que mi numen se reporta; ¿quién ha visto jamás égloga corta? Digo, pues, que una joven... EL PÚBLICO. ¿Vá de veras...? Ya sabes mi piñón».,, has lo que quieras,)) Cara de carantoña; cutis lleno de roña, y de color incierto : ojos en blanco, de besugo muerto, cuya pupila su recato injuria lanzando algún destello de lujuria; — 55 — colorada nariz como un madroño; sombrero encasquetado, alicaído, con desiguales rotos y recortes, pardo, sin cola ya, ni otros resortes; honesto, virginal, tímido moño que nunca hubiera fácil consentido trato con peine y menos bergamota, por ser de una muchacha sencillota que no usaba, si acaso, más afeite que de negro candil el negro aceite; cintura de costal; pecho conforme á lo que exige la cintura enorme; fornido brazo de oso, como las piernas rígido y cerdoso; voz de gallina clueca; boca torcida por eterna mueca.... tal era Nicolasa, y era lo mejorcito de su casa, menos su hermano, el ínclito Canuto, que casi la igualaba en cuanto á bruto, y Mamerto, su amor, que era el más bestia. — 66 — y la palma les cede.... por modestia: ¡qué delicados sentimientos caben en quienes, por milagro, aullar no saben! Aunque salud, al parecer, vertia la hermosa enamorada por mi pincel sincero retratada, en su interior sufría, si no con alegría como sufren los buenos, con ejemplar resignación, al menos. Práctico afortunado y de príncipios que ensayó en diferentes municipios^ famoso personaje á quien todos tríbutan homenaje, sospechaba asimismo, pero sólo, el albéitar Bartolo que aplicaba sus mil conocimientos ya á bípedos implumes, ya á jumentos, que la muchacha bella no debia andar bien... ¡Pobre doncella! Y era Colasa, pura — 57 — virgen silvestre, niña candorosa, ninfa de la llanura, pintada mariposa, ángel, querube, diosa; en fin, era.... y ahorrémonos palabras, pastora, no de cabras ni cameros merinos; era una pastorcita de gorrinos (1). La cual, enjarras puesta con intención hostil y manifiesta, dos minutos ó tres quédase muda; hasta que al fin (sacando del retiro del pecho, cuya cólera le ayuda, un rumor cavernoso que se duda si es regüeldo ó suspiro): ((Mamerto (dice fosca) si has piensado porque yo y tí en un mes no hemos parlado, ó porque tu querer y tus aqueles (1) 1856.— Lo que si^rue hasta el finaU 1 compuse en 186$ y ahora lo publico por vez primera- (^' del A.J — 58 — el seso haigan quitado á la nieta del tio Mirabeles, que naide, ni denguno ya te empuja, te equivocastes , hijo de una bruja. Beza para que yo no sus encuentre como antier de tirtulia con to el mundo y con ella á la puerta de Reimundo, 6 una pata metiéndola en el vientre á Demesia espanzurro si la topo, y de otra á tí, galopo. ¿Te amargan las verdades?... Pacencia... y barajar, que ya me cargas con poner á la boda enficultades: ¿no me sobra razón, tio Zancaslargas? ZAIHGASLARGAS. Cá másima que sueltas, hija mia, el mesmo Salamon envidiaría. ISIGOLASA. Otra vez los cogí cabe unos tríllos. — 59 — ZANGASLARGAS. ¿Y qué hacían? Holgárame, en efeito, el caso oir pa sentenciar el preito. MAMERTO. Andábamos los dos cogiendo grillos. ZANCASLARGAS. Ya lo oyes, Neculasa; yo no encuentro maldá, poca ni mucha, en el paso que pasa: ahora tú desembucha, y si razón tuvieres, yo te juro que le falta á Mamerto de siguro. ¿Qué te pide ese cuerpo?... Abre la boca; aquí parciales semos, y á todos sus daremos correspondientemente lo que us toca. -60 — NICOLASA. ¿Quieren que parle y garle hasta mañana? No me dá la real gana; ya se acabó el desamen. ZANGASLARGAS. Envide su ditámen tu hermano^ que no chista, y sentencio más pronto que la vista; ¡miray si seré pronto I CANUTO. Pus mi ditámen es... que el que sea tonto se fastidie. NIGOLASA. ¿Y mi honor? CANUTO. Quien tiene tienda, dice el refrán, que atienda. -61- NICOLASA. ¡Mosto! (monstruo querría á su hermano llamar la moza brava). CANUTO. ¿Yo mosto?.. No es el tiempo todavía. Cuando Mamerto andaba por montes y por trigos á tu alcance, ¿no te dije: «Cuidado con un lance?» ¿Y qué me respondiste?... ((Si él es tuno, ))cada uno es cada uno, ))y aunque me ven tan niña, ))ya sé guardar mi viña ))de ladrones y gatos; ))á más, él no es presona de esos tratos.» NIGOLASA. Equivoquéme. CANUTO. Estabas por él loca. — 62 — NIGOLASA. tina vez, cualisquiera se equivoca, y basta de razones; no quiero que me tengan por un pingo: 6 sin falta escomienzan el domingo las amolestaciones de yo con ese cuco, 6 de un par de trancazos lo desnuco.» Cierra el pico la virgen campesina, que el suspiro repite {aliasy regüeldo) enarbolando un bieldo de madera de encina puesto sobre una hacina. A insinuación tan tierna, previamente rascándose una pierna, levántase Mamerto convencido: ¿y qué hace?... De entusiasmo casi verde, un carrillo la muerde en lugar de besarla como se usa: la doncella se atusa — 63 — las greñas, y segunda vez en jarras, váy le dice: ((Se tocan las guitarras, pero no las mujeres; deprenda á rispetar mis menesteres.» A cuya gran sentencia, que rebosa indulgencia pues sin gestos pronúnciala y sin voces, añade cuatro coces con la siniestra pata, como jamás las dio muía de noria, y que á Mamerto, á quien por poco mata^ saben á miel, á gloria: esto siempre el amor tiene de bueno, convertir en antídoto el veneno. ¿Qué novio en brazos lleva por escarpado risco y matorrales la carga de su bella, enorme, suma (suponiendo que pese tres quintales), que no se le figure leve pluma? Así las paces hechas -64- 7 las dos almas fieles satisfechas, pregunta Nicolasa á su futuro (que de pelar ha estado un poco duro), cuándo será la boda; y él, con una sonrisa que no anuncia gran prisa y arruga su faz toda, como quien de un limón el zumo chupa, más que como el goloso que se ocupa de gusto haciendo dengues en devorar merengues, responde pensativo: ((¿Cuándo? ¿cuándo? Allá... pa el tiempo blando. NICOLASA. Acaba de parir y asin revientes. MAMERTO. Mal paras tú, primero que lo cuentes. -65- Yo cavilo, cavilo... es un plan... ¡cosa grande! NIGOLÁSÁ. Acaba, dílo. MAMERTO. Quiero que mi presona se presente en la Igresia hecho una mapa. NICOLASA. Mas ¿cuándo ñus casemos? y perdona. MAMERTO. ¡En cuantis tenga capal» No bien de su pereza para matrimoniar la causa oyeron, los otros tres hicieron un elocuente signo de cabeza, demostrando á porña que se hallaban conformes, y esto es obvio; 6 -66- en bodas de este rumbo y gerarquía podrá faltar el novio, ¡pero la capal ¡horrorl ¿qué se diría? La historia así remata y los castos amores de Mamerto y su Filis, flor y nata de novios y pastores; y yo, el pincel dejando, llevo á la Exposición esta obra nueva. Se premiará: ¡es tan malal.. ¿A que la aprueba la Academia Real de San Femando? LOS MAYORAZGOS. (idilio social, entre bastidobes.) Musa de la obstetricia^ Musa ignota que en sus operaciones, desde la edad más bárbara j remota, sin duda han invocado matronas y aturdidos comadrones cuando el trance es difícil é intrincado (por ver si inspiración del Pindó llueve), yo te invoco también, pese á las nueve, para cantar sin el auxilio de ellas de dos nonatos íntimas querellas. Arce, hambriento de fama -68^ (no sé si de otra cosa, pues no dá pan el verso, ni la prosa), luz inmensa derrama de los hombres dejando la balumba, sobre lo que sucede en Ultra-tumba (1). Conoce tanto, y tan al vivo pinta sin usar más color que el de la tinta, las costumbres, los usos y las leyes de vasallos y reyes, de pobres y de ricos moradores de un mundo sólo abierto á su espíritu profundo, que ó bien como á unos chicos incautos nos la pega, 6 alguna vez se ha muerto y nos lo niega. Yo, tomando contrario derrotero al que hoy se sigue por rutina pura, un nuevo mundo descubriros quiero; (1) Se alnde á unas poesías de mi amJ^o D. Gaspar Nofiez de Arce, tituladas Cuentos del otro mundo, cuyos personajes todos, ó actores, son difuntos. {N. del A.) — 69 — y, peón caminero delaliteratnra^ que se halla intransitable, ahro un sendero. Arce baja al abismo de la muerte con ánima aflijida, pero lo disimula y no se advierte; yo en el umbral me planto de la vida; él dedica á los muertos muchos ratos; yo estudio á los nonatos; si el nombre de Colon Arce reclama, yo, por lo menos, soy Vasco de Gama. Estaba Doña Leta, de un quídam noble y respetable esposa, en un sillón antiguo de vaqueta repantigada y grave, pero inquieta, como el que espera y teme alguna cosa. Ya parece una santa á quien mira su rostro compungido; ya los ojos levanta, culpando, injustamente, á su marido del caso que la espanta; —To- ya rompe en un chillido aterrador^ siniestro^ y reza un Padre nuestro; 6 histérica^ indecisa^ confunde los sollozos con la risa; mientras que su consorte, Don Antonio, se hallaba en un rincón hecho un bolonio. Bañada en sudor cálido la frente, remangado hasta el codo en ademan brioso y resoluto, como adalid valiente que vá á jugar el todo por el todo en reñida batalla; panzudo, nada seco; desabrochado á medias el chaleco; al hombro una toalla, fórceps y esponja en mano, esperaba también y al par temia cataclismos 6 dulces y mercedes, Don Luis Mendigorría, el comadrón,, . para servir á ustedes. — 74 — Sepa quien el equívoco repare, que me oye gente que concibe y pare (1). Cuanto más discurría el práctico sagaz sobre el retraso, 6 llámese torpeza, de aquella femenil naturaleza para salir del paso, más confusión reinaba en su cabeza; y hasta llegó á pensar, lleno de bilis, como si hubiera dado en el busilis: «Se habrá ahogado, esto es hecho:» y el hombre se quedó tan satisfecho. ¡Galileo, permite que te robe, esclamando contigo: E pur si muovel Y era verdad, si bien parece bola; pero ¿qué comadrón no se atortela, cuando se halla en presencia de un hecho no previsto por la ciencia? (1) Á fin de que se comprenda este equívoco, debe adver- tirse que este idilio se leyó en casa del Sr. Cruzada Villaamil, en donde, como es sabido, se reunian escritores y artistas- (N. del A.) -72 — ¿A qué achacar la incomprensible pausa que prolonga la crisis?... Esto es serio, tanto como formar un ministerio. Prestadme oido j os diré la causa, base también de esta égloga difusa, invocando, y van dos, mi pobre Musa. Hay en el Cosmos (y recurro al griego por lo arriesgado que es jugar con fuego, y es fuego el castellano cuando es sencillo y trasparente y llano, aunque hoy me maravilla que entienda su habla natural Castilla; pero^¡Dios me perdone tan grandes sacrificios! — quiero escribir en su hoja de servicios: valor... se le supone: y cierro esta miseria de paréntesis ruin, y entro en materia, con cuya salvedad creo que basta; además, — ^recordarlo me conviene, — como dice un autor: la ciencia es casta): — 73— hay en el Cosmos femenino interno un punto que se elogia por su importancia suma en fisiológia, y que la misma^ con pudor superno, llama claustro materno^ en el cual los nonatos disertaban (pues .eran dos, señores), con gravedad y pujos de doctores. ¡Y clamarán algunos papanatas: ano hay ideas innatas!)) Háylas y tajnbien actos que los van á dejar estupefactos, como verá el que lea imparcialmente el diálogo siguiente entre Castor y Pólux, que, en cuclillas^ con los codos pegando en las rodillas, en las sienes los puños, la barba contra el pecho y entornados los ojos, tenaces se disputan un derecho en el idioma superfino y vario -74 — que Be estila en el mundo embrionario. clsTOB. ((Entiendo bien tus tretas; repito que no quiero que salgas tú primero^ sacando las pernetas^ por más que me prometas si aquí dos horas sin compaña yazgo conmigo repartir el mayorazgo, cuando á la fiebre, ó la vejez, que mata, mamá estire la pata. PÓLÜX. ¡Ni de su hermano fía! ¿No basta y sobra la palabra mia? CASTOR. ¡Palabras., juramentos!. No los nombres: cien veces, insensato ¿á ellos no faltó más de un nonato? — 7S — ¡Después nos quejaremos de los hombres! PÓLÜX. ¡Ay, no me apesadumbres, juzgándome tan malí... Cierra ese pico. CASTOR. Hablemos claro, chico: están muy corroinpidas las costumbres. PÓLÜX. Por tí y otros engendros insolenten que de escándalo llenan á las gentes. Yo te sigo la pista, te miro, te olfateo, y con disgusto veo tu afición á la escuela socialista. Por Dios, Castor, refrena tus pasiones feroces, y permíteme que salga, que saque la cabeza, que enseñe media nalga: — 76- sostendré las gloriosas tradiciones^ y el antiguo poder de la nobleza que cualquier pelagatos hoy humilla, y la horca, y la cuchilla, y el trabajo.... del prójimo, se entiende, y demás privilegios dulces, suaves, y sobre todo, justos, como sabes, pues son cosa probada; por ejemplo: el derecho de pernada.» En esto entró un poeta descomunal á ver al matrimonio, diciendo por lo bajo á Don Antonio: «¿Despachó Doña Leta?» Y le responde el cónyuge intranquilo: ((Ay, nol y estoy, amigo Zurupeta, con el alma en un hilo. — Pues yo serena á la paciente encuentro. — Al parecer; pero lo cierto es que anda la música por dentro. -77- — Lo siento; — (esclamó el vate, vate desaforado que por un chocolate ^lebraría todo lo criado; vate, en una palabra, á quien la suerte perra descalabra; capaz de acometer al universo con un memorialillo en cada verso:) — ^lo siento (repitió, fuera de juicio); ¡traia un natalicio!)) GÍSTOR. «En todo lo que dices convengo, caro hermano; mas oye, ¿no seríamos felices si antes que tú sacase yo una mano, 6, quien dice una mano, las narices? Contigo yo gustoso partiría mi primogenitura el mejor dia. ¡Oh, Póluxl considera que de otra suerte el mundo no prospera: — 78- la civilización se queda manca; la propiedad se estanca; y siendo desiguales en derechos como este los mortales^ sin atender á homilias el odio se aclimata en las familias^ bullen pasiones viles, nacen guerras civiles que al malo dan deleite, y es lástima que mi ánimo deplora, porque es el mundo ahora una balsa de aceite. Evítame, aceptando, pesadumbres; mas si dudas de mí, no abras el pico. PÓLUX. Hablemos claro, chico: están muy corrompidas las costumbres. CASTOR. ¿Cuál era, pues, tu intento?.... — 79 — Descubro tu maligna diplomacia: ¡vamos, tendría gracia que, rico tú y contento, ocioso, regalado, bien servido, de oro y seda vestido, como tigre lanzándose á su presa, de festin en festin, de mesa en mesa, pasases una vida de Jerónimo, al par que yo hecho un zángano , y ayuno, fuese un quídam, un nadie, un ser anónimol De la opera, ni de otras diversiones, no se hable, pues no yan los segundones por falta de dinero: yo trabajar no quiero, que aunque el trabajo es cosa buena y justa, hijo mío, soy franco, no me gusta. PÓLÜX. Lo mismo que tú opino; que trabaje el vecino.)) -80- ¡Oh ambición nonacida^ vicio insano^ capaz de dar al traste con la virtud mas sólida! Tú armaste hermano contra hermano. Castor ligero, mientras Pólux tose, de buena fé á su hermano adelantóse, y cierta evolución hábil empieza para salir al punto de cabeza. El pobre, que ignoraba que Pólux ya contaba para tales apuros con dos soberbios dientes prematuros, sintiendo á retaguardia un vil mordisco lloroso y mustio se volvió al aprisco. Al ver Mendigorría el astro que nacia, demente, ebrio de gozo: — 84 — «Señora, ¿sabe usted que es un buen mozo?» iba á decir á Doña Leta, cuando (sin mirar que incomoda) apunta una gran oda, con ella amenazando al prudente auditorio pacienzudo, y estrofa y media dispararle pudo. (ZÜRUPETA, leyendo). <( Vástaga ilustra^ serafin del cieloy a quien el mismo guarde de langosta^ de escarchas y de hielo; que de precoz talento haciendo alarde anuncias con tus risas inocentes que serás el asombro de las gentes.,.,)) ^(¿Y si sale un zopenco?» Don Antonio pregunta, sandiez tanta y tan grande oyendo junta. El vate respondió con desparpajo: — ((Si el cielo se hunde, nos cojió debajo;» é impertérrito sigue su leyenda: — 82 — uNiñüy lucera rutilantay prenda de paz y de cariño.... yí — «Perdone usted, es niño,» respondió el comadrón, y el padre exclama: — ((¡No he visto borrador más inconexo! — Y bien... ¡y qué! ¿no es dama? (le replica el autor del natalicio); pues en un santiamén le mudo el sexo. Ha de saber usted que en el oficio^ en asuntos como este, delicados, en que uno marcha á oscuras, pródigos repartimos perfecciones, virtudes á puñados (por supuesto, futuras); sexo y nombre elejimos á la pata la llana, y luego salga pez ó salga rana: con variar tres ó cuatro consonantes, quedamos tan amigos, tan campantes.» — 83 — En tanto, el otro pobre pequeñuelo teme quedarse allá, ponerse mohoso; y haciendo pucheritos, clamaba sin consuelo á Pólux victorioso que su triunfo celebra ya con gritos: — ((Como llegue á salir de esta clausura, diré que tu ventura, no al derecho, á la fuerza la debiste, ó á la casualidad, que es lo más triste.)) Y respondia Pólux, hecho un bravo: — üAl asno muerto ^ la cebada al rabo,)) 1857. PERCANCES DE LA VIDA. * (ÉGLOGA PISCATORIA URBANA.) Al margen de un arroyo^ que encamina su lánguida corriente ex-cristalina entre un cañaveral medio podrido por la raíz al cieno mal prendido^ sentóse cierto dia á pescar ranas Pinini con Juan Lanas^ invictos pescadores; y tan bravos cantores, que se esponen á ser, si los atisban, cual genios soberanos ajustados un dia en Jovellanos. — 86 — Pinini es gran figura, pues mide siete pies desde los suyos hasta el remate de la cholla dura, y no tiene más sal, ni gallardia, el pendón de cualquiera cofradía. Su voz, es voz de bajo; el toro más indómito y marrajo mejor no brama que él; cuando suspira, ya parece que ronca, ya que cuece un caldero en sus pulmones, ó que éstos, nidos son de moscardones: no iguala, en fin, la voz de su garganta el ruiseñor que en las pocilgas canta. Rival del que os alabo, famoso del un cabo al otro cabo del tímido arroyuelo, que retrata su cara de mochuelo y su porte gentil, que llena el ojo, porque es achaparrado, y tuerto y cojo. Lanas (Juan) modestísima persona, de cierta gracia con razón blasona. -87 — Ladra como los perros, y no hay otro que el relincho del potro y el maternal de las salvajes yeguas imite mejor que él, ni con cien leguas; grazna como los patos; maya como los gatos; chirría como el grillo; sabe también hacer el organillo; y por fin y remate, caballeros, se luce en los Espárragos trigueros que oyó en el Instituto cuatro veces, aflojando el producto de unos peces. jAy de más de un tenor I... Su dicha vuela, si este genio se lanza á la Zarzuela. Acurrucado entre ellos Caniyitas á modo de conejo, hombre de edad, maduro en el consejo, archivo de sentencias infinitas, para églogas, en fin, cortado viejo; cuando cuenta cada uno su historia respectiva, el varón santo -88- suelta sin escupir (terciando grave) un chaparrón de máximas al canto: los dos no siempre quedan convencidos de su filosofía en cuanto al fondo; pero ¿lo dijo Blas?,., punto redondo; le aplauden, como aplauden en el teatro á muchos Caniyitas más de cuatro. En la margen opuesta, á tiro de ballesta, tendidos sobre piedras j zarzales, mantillas j pañales de párvulos mamones; sábanas, calzoncillos y camisas con manchas, y remiendos, y girones; enaguas y otras prendas de profundis llenas de mapa-mundis^ eran decoraciones de tan bello escenario, y forman un conjunto alegre y vario, que acaso envidiaria más de un teatro hoy dia. — 89 — A nuestros dos cantores forman coro, al son de la paleta que azota á la banqueta, y al restregar la percudida ropa/ las gargantas cerriles de cinco lavanderas varoniles; coro tan arreglado que cada voz emigra por su lado, lo mismo que en el Real. ¡Qué paso llevan, oyéndolo las ranas, hacia donde las ceban Pinini y el dulcísimo Juan LanasI Callaron un momento las que los trapos lavan; y viendo que callaban, así su voz al viento, soltó Pinini^ lamentando mustio la suerte mal cocida (otro dijera cruda) que persigue su vida; y*así también, mientras el sol se esconde. -90 — Juan Lanas le responde^ terciando, como siempre, Caniyitas, archivo de sentencias infinitas: PININI. ¡Cuál la suerte se ensaña, carísimo consorte, en quien tan sólo cuenta en el mar de la corte con su modesta caña y con su pobre anzuelo, aunque virtud y ciencia deba al cielo que suplan á gusanos y lombrices, para engañar la especie bullidora que debajo del agua vive y mora! JUAN LANAS. Dígalo yo, que un dia cuando favor tenia, á mi anzuelo se vino fiin dar yo un solo paso. — 91^ y me hizo abandonar mi barbería, como pez un destino de sueldo nada escaso, que codiciando estaban más de ochenta, gente, otro siy de mérito y de cuenta. CANIYITAS. Los destinos son aves, el favor es un fruto que les gusta, y el mérito espantajo que esas aves asusta. PININI. Yo, en la mano el sombrero, ¡oh insigne amigo mió! pasé papando frió casi un invierno entero en escaleras, calles y antesalas, por pescar una plaza de portero; y cuando ya creia que la pieza al anzuelo se venía — 93 — y me era favorable la fortuna, pesqué*. • una tos perruna, que llegó á convertirse en pulmoníal Me levanté en agosto, cuando se asa la gente y alegre canta el grillo; y otra vez pretendiente corrí detrás de un nuevo destinillo... ¡y pesqué un tabardillo! JUAN LANAS. Yo, con el cebo de mi sueldo, ufano, pesqué al punto una novia natural de Segovia, rica, rubia y de busto soberano, y le ofrecí mi mano, que en seguida aceptó con placer mucho; como soy hombre ducho la gusté de los pies á la cabeza, y eso que no es muy grande mi belleza. — 93 — CANIYITAS. El hombre que pan tiene á la mujer conviene, aunque, á más de bolonio, y de baja ralea, y largo bribón, sea feo como el mismísimo demonio. Nobleza y hermosura, y virtud espartana, son cosas muy laudables; sin embargo, hacen el caldo del puchero amargo, y por ellas no fian ni cominos en ningún almacén de ultramarinos. PININI. Acosado una vez de la gazuza, que ya en mí se hizo eterna, zambuUíme cual rana en la taberna y bodegón antiguo de la MancUy sin llevar una blanca. — 94- pensando en escurrirme á manera de anguila^ después de prevenirme contra el hambre que el cuerpo me aniquila; pues, al fin, dígase lo que se quiera, no tiene el hambre espera. Pesqué primero un plato de conejo (aún sospecho que fué gato); luego, con gesto grave, apuré dos cepitas de lo tinto de Cariñena ó Pinto, que á mi sed indecible supo suave ; y por tanto, no apuesto á si el líquido estaba ó nó compuesto de gato muerto, y cobre, y aun ¡quién sabe! Luego quise aceitunas sevillanas , y eran tales mis ganas que ni huesos dejé, las comí enteras, y eso que estaban todas zapaterasy pues la cuenta me eché que se echa el pobre: más vale reventar y que no que sobre. -95 — Por último, resuelvo atracarme de callos, que bien pudieron ser (yo no lo juro) pellejos de borricos y caballos. Viendo yo que la Manca parecia detrás del mostrador echando un sueño ^ abandono la mesa, y, sin más, me despido á la francesa. La Manca no dormia, llama, viene un señor de policía, y, aunque éste mi aire vé de caballero, me pesca y me conduce al Saladero, uniéndosele dos municipales y todo por... ¡por míseros seis realesi Dios quiere que, en mi oficio desdichado, siempre, en vez de pescar, yo sea pescado» JUAN LANAS. A mí en bailes, banquetes y conciertos, me recibieron, cuando en boga estuve, con los brazos abiertos; — 96- y mis faltas y enormes desaciertos, que yo mismo no abono, decian que eran rasgos de buen tono. Pióme un prestamista; muebles me adelantó un almacenista, sin temer un desastre; me empeñé con el sastre; el dueño de un café, conmigo franco, me abrió ima cuenta larga que hoy no puedo saldar con este oficio; pero prometo hacerlo el dia del Juicio, cuando pague diez pares de magníficas botas, y dos docenas de camisas rotas, cada cual con más ojos que una criba y remendada ya de abajo arriba. Con esta vita bona, sirviéndome el destino de hipoteca, dicen que mi persona, antes flaca y enteca, era entonces un rollo de manteca. — 97 — CANIYITAS. ¡Ay del hombre pacato y encogido, de conciencia de mándria! Vivirá como mísera calandria olvidado, ó por nada perseguido. ¡Feliz el que halla modo de llamarse bribón 6 petardista! Para él su país todo es tierra de conquista, que corre audaz y bravo; engorda como un pavo que se ceba al venir la Noche Buena; no conoce una pena, ni teme, ni se apura; y cuanto más engaña, y cuanto más araña, en lugar de perder en estatura, tanto más en el mundo crece y priva: nó, no es esta cuestión de perspectiva. PININI.

Un dia, fastidiado,
sin amorosa gula,
declaré mi pasión á Doña Tula,
mi porvenir creyendo asegurado;
porque se me decía que en Móstoles tenía
un molino de aceite, dos casas en Beceite,
viñas en Peñaranda
y tierras en Arganda;
todas estas haciendas, sin más óenso que histéricos y crónicos catarros , la faz llena de barros, lombrices que la comen, una tumefacción en el abdomen, y acaso algunas otras Molerás con sus cincuenta y cinco primaveras. Fuimos á San Ginés; nos echó el cura la bendición nupcial, vi el cielo abierto. -99- y hubo en la boda arroz y gallo muerto. A fines de un trimestre, saliendo & recorrerlas de la corte, ¡ayl YÍ que las haciendas consabidas las tenía, en efecto, mi consorte; las tenía... ¡perdidas! porque antes de mi ansiado matrimonio ganádolas habia, con un pleito, un tal Don Celedonio, sin que dejase para mí otra cosa que mi esposa... ¡y qué esposal ((Sea todo por DiosI buena la hicimosl (esclamé;) no echo pelol)) Para darme consuelo, acosábame Tula con sus mimos, que me ponían malo cual si me sacudiese con un palo; y aunque ella horrible y vieja y yo enclenque y rabioso, en seis años, no más, al mundo dimos tres hembras ¡ay de mí! que al mes perdimos; — 400- sin que el cielo mis súplicas escuche, muriéronse las tres de coqueluche. Siguióles Tula pronto, y yo quedé tan aturdido y tonto, que á lo mejor faltábame el cacumen... Tal de mi negra historia es el resumen. JUAN LANAS. Por mí la de Segovia con gusto deja los paternos lares; y llevándola al pié de los altares de la corte de España, con dos ó tres amigos que de mi fausta unión fueron testigos, comencé de casado la campaña. Al principio gran lujo, teatro, mucho coche, por el Prado y Atocha mucho pío, y mucho corriqueo dia y noche. Viendo tanto derroche, yo anunciaba á mi esposa un fin nefasto. — 101- y ella solia responder con brío: ((El dote ¿es tuyo 6 mió?.., A nadie debe nada lo que gasto.» Un amigo^ constante en protejerme, prometió á mi mujer pronto ascenderme, tocando sin demora yo no sé qué resorte 6 qué registro: como sus intenciones eran sanas y verdadero su interés: «Juan Lanas^ (me dije) de esta, cátate ministro; ¿por qué tú has de ser menos, voto á cuantos^ que tantos, y que tantos, y que tantos?» En esto hubo una crisis horrorosa en las altas regiones, que á muchos empleados causó fiebre, y á mí me arrebató mis ilusiones; mi protector emigra como liebre, muere de sofocones, y yo de real orden... ¡Al instante me dejaron cesante! Al saber mis reveses. — loa- furibundos me acosan los ingleses: mi amada compañera, á la par que el metálico sonante derritiéndoseme iba como cera, mostrábase más fiera; y finjiendo una vez terribles celos cuatro puñados me arrancó de pelos. Amagándome espaldas j cogote, á cada paso me gritaba: ((Tuno, holgazán, burro, borra(^on, ingrato; ¿qué has hecho de mi dote? | ¿Qué has hecho, di?... Kespóndeme ó te mato. ¡Ay! (después anadia con trágicos sollozos, y gesto y voz de harpia) ; j ¡ay de mi, que, inexperta, ' candida criatura, creí tu pasión pura y las protestas de tu amor, mentidas, , cuando te las dictaban solamente I de esta niña inocente — lóa- las diez y seis, talegas ya perdidasl» Pero aun no concluí, por mi desgracia; oigan ustedes el tremendo ultraje: pretestando una carta de mi suegra y á Segovia un viaje, ¡pifl... de golpe y porrazo, traidora huyóse á Francia con un picaronazo teniente ó capitán de cazadores, que en situación estaba de reemplazo. Ya cerca de diez años han corrido y nada de la prófuga he sabido;* desde entonces acá, vivo muriendo: ¡salid sin dueloy lágrimas, corriendo/ CANIYITAS. El que busque dinero al buscar su futura, no juventud, modestia, ni hermosura, vea y toque primero con ojos y con manos — 104 — de los maravedises la existencia^ ó tema el caso que á Pinini apura: quien se fia en, ase dice,)) ase asegura^Sí quedar suele á la luna de Valencia. La fortuna es veleta giratoria que si á un lado se mueve anuncia dicha y gloria, si á otro, plagas mil el cielo llueve. La verdad de un adagio muy sabido que damos al olvido, Juan Lanas con su ejemplo nos enseña: ¡ayl del árbol caído todo el mundo hace leña.)) En esto el sol, enternecido acaso, por no escuchar más lástimas, sepulta su disco en el ocaso: en éxtasis las ranas que la ova espesa ocidta, oyendo los percances de Juan Lanas, — 105- de Pinini las cuitas y el raudal del saber de Caniyitas, que les chocaba un poco por lo nuevo, habían olvidado caña y cebo; de modo y de manera^ que en una tarde entera y un buen rato de luna, no fué pescada ¡ni una! Maldiciendo sus hados enemigos, entrambos pescadores los chismes recogieron; y atravesando trigos del nocturno fanal á los fulgores, su regreso emprendieron á Madrid, donde tienen la huronera; la gorra atrás echada, la capa casi, casi derribada, los ojos dormilones, . saliendo las palabras á empujones, dando con Caniyitas mil traspieses y haciendo muchas eses; -106 — porque de una panzuda, enorme bota, con ribetes y honores de pellejo, amiga inseparable del buen viejo cuya sangre alborota, de tal suerte chuparon, que en la marcha apuraron hasta la última gota. El viejo, en tanto, repetido habia: — ((/ Qué tragos en la mísera existencia se pasan/)) Y ((/ Qué tiempos tan aciagosh — «/ Como ha de ser! (Pinini respondía, con Juan Lanas conforme.) Vengan tragos^ pues lo dispone asi la Providencia; /todos los pasaremos con paciencia!)) 4860. DETRAS DE LA CBÜZ EL DIABLO. (idilio campesino conyugal). De soslayo metido hasta la ceja el sombrero de teja, quitasol oportuno, si no bello; en casa el alzacuello; chaquetilla de cúbica, algo añeja; pantalón de lo mismo, remangado; de piel de cabra, cómodo calzado; atada á la cintura con galón la sotana, y sin manteo ni otra vestidura que aumentase el calor de la mañana. — 108 — de un monte por la rústica espesura^ la vista en el Breviario por donde haciendo vá su rezo diario, solo y grave pasea el párroco excelente de la vecina aldea, á quien por bueno y sabio ama la gente. Pobre, porque á los pobres con generosa mano socorría; sencillo, porque apenas comprendia la virtud evangélica adornada con la pompa del mundo, que es humo, sombra, nada; breve en palabras, pródigo en acciones que con sus bendiciones premia gozoso el cielo; de santidad modelo; roca firme en su fé perseverante; á la ambición y á la mentira estraño, cual pastor vigilante el cura apacentaba su rebaño. — 109 — Siguiendo á poco rato otra vereda, huella la blanda alfombra que á una verde alameda conduce^ donde fresca y grata sombra, que del sol templa las ardientes llamas, árboles mil pomposos dan con sus troncos y crecidas ramas. Y allí, con tosco aliño que cubre mal su cuerpo delicado, aparecióse un niño de seis años, azules, claros ojos, alta frente espaciosa, color suave de temprana rosa, coronadas de rizos naturales la sien y la mejilla virginales; el cual, corriendo al cura, con espanto, y á la sotana asido como si de alguien fuera perseguido, trémulo esclama y anegado en llanto: -110- EL NIÑO. Ven, señor cura, ven, que padre pega á madre, y madre llora. EL GURA. ¿Quién es tu madre? EL NIÑO. ¿Quién?... La tía Melchora. EL GURA. ¿Y tu padre? EL NIÑO. Es el tio Inocente. EL GURA. ¡ Ah! ¡ya caigol Iré, hijo mió. ¿Y sabes por qué causa la maltrata? EL NIÑO. ¡No lo sabol EL GURA. Y tu madre ¿qué decia, al pegarla? EL NIÑO. ((¡Dios mío 5 que me mata!)) EL GURA. ¿Y tu padre? EL NIÑO. ((Llegó tu último dia.)) Habia en el acento del niño espresion tal y sentimiento, que el ministro de Dios suspenso queda. Mirábase al villano — na — como ejemplar cristiano, hombre de bien, prudente y laborioso, marido fiel y padre cariñoso. Deseando tener limpia la conciencia y dar al mundo ejemplo, iba una vez en la semana al templo; y de la penitencia ante el severo tribunal, los ojos á la tierra bajando, postrábase de hinojos, y unos golpes de pecho se pegaba que al corazón más duro edificaba: á creer en hablillas, ya tenía, merced á los porrazos, rota media docena de costillas. Al entrar en la iglesia, siempre con faz devota y pasos quedos, tomaba agua bendita; pero no con dos dedos como cualquier humilde cristianillo, sino medio cuartillo — il3- con la mano derecha, que del rostro cayéndole á la ropa vez hubo que le puso hecho una sopa. Verdad es, que señales no conserva del singular ayuno que há largo tiempo observa, como no lo observó prójimo alguno, ni surcan su semblante hondas arrugas; pero muchos vecinos aseguran que come sólo yerba; otros, aunque sin datos, que lechugas, berzas y cebollinos: quién (calumniando su virtud ignota) supone que se atraca de bellota ; y aun hay quien, con malicia refinada, diz que le vio roer pan de cebada; . que para inventar menguas , nunca en el mundo faltan malas lenguas. . Mas como no está magro, ^ra toda la gente que el bueno de Inocente 8 — 114 — engorda sin comer; que es un milagro, un milagro viviente de abstinencia... que pesa doce arrobas de las que llaman bobas. El, con vagas razones, que tiene apariciones de santos asegura; pero sospecha el cura, no sin dolor profundo, que pretende engañar á Dios y al mundo. Saliendo del espeso bosquecillo en que anidaban pájaros cantores, por un prado de césped y de flores ancho, vistoso y fresco, llegábase á un retiro pintoresco al pié de una montaña, donde, entre agrestes peñas y raudales de limpios y sonoros manantiales, asoma de Inocente la cabana de secos troncos y pajiza caña. La habitación sencilla -115 — en su interior parece una capilla, en que el tío Inocente rinde culto á unos nenes de bulto, producto de sus manos pecadoras que en ellos ocuparon muchas horas , y de papel pintadp que pegó á la pared con pan mascado. Un nene, según él, es San Antonio, alrededor del cual tienden su vuelo un murciélago, un buho y un mochuelo, que son las tentaciones del demonio. Figura otro á San Roque, abogado bendito de la peste, con su calabazuela y palitroque; esculpida tan mal la efigie de éste, que, en vez de faz celeste, el santo cara tiene de bodoque. Allí un altar de corcho sostenía bajo un vasillo verde, que no ardia, de plomo una custodia con varias terceduras. — 446 — en medio de dos ángeles de barro^ ridicula parodia de los bellos que encantan las alturas; pues lejos de ser guapos, compararse pudieran á dos sapos. Y allí... pero dejemos la descripción prolija de la cabana, 7 con el cura entremos y el niño, que entró al par, de mala gana, del párroco agarrado á la sotana. Quien viese aquel asilo silencioso y tranquilo con ínfulas de ermita, diría que la paz en él habita. Inocente repasa en voz sonora de rodillas las cuentas de un rosarío; recostada Melchora, aparte gime; parece que la oprime algún dolor agudo, pues la pobre á menudo ambas manos ligeras — 117 — se aplica á las caderas. Justo será decir que el buen marido, cuya virtud aspira á eternas palmas, lanzando un gran bostezo principio dio á su rezo en cuanto vio venir al pastor de almas. «Santos y buenos dias,» dijo el tío, recibiéndolo afable, y besando su mano venerable. «¡Buenos dias! (el cura respondióle). ¿Qué tal vá, tio Inocente? INOCENTE. Así... tirando. EL GURA. ^Y Melchora? INOCENTE. Melchora anda un poco maleja; — 118 — há tiempo que se queja de cansancio y dolores; pero por más que toma lo que receta el sabio don Toribio, la enfermedad no doma^ con nada encuentra alivio.» Oyendo este discurso que en cólera la enciende, • la enferma hablar pretende; pero le pone coto el cónyuge devoto, mirándola algo bizco sin que el cura lo vea, y dándola en un brazo tal pellizco que á la débil mujer, á quien espanta, ahogósele la voz en la garganta. INOCENTE. «A los santos, por eso, mis súplicas dirijo; (el tio Inocente, prosiguiendo, dijo: — lio — y añadió^ dando un beso á San Boque) en mi pena á éste le he prometido una novena con dos misas^ cada una de seis reales: él de Melchora curará los males. MELGHORA. ¡Calla, bribón, taimado, trapacero, hombre endinof Si á los bobos hasta hoy has engañado, habiendo al fin logrado que comulguen con ruedas de molino, supuesto que lo quieres yo les diré quién eres; 8Í, yo se lo diré, no me hagas muecas para que calle, zorro, ni retuerzas el morro, porque ya se acabó mi sufrimiento, y si no desembucho^ aquí reviento. Señor cura, usté sepa que mi marido há poco. — 420 — por mor de la tia Pepa la Chata^ me pegaba como un loco, y si no viene su mercé, me mata, por mor, como ya he dicho, de la Chata. Que al pelo de la ropa él no me toque, y en los cielos en paz deje á San Roque. EL CURA. ¿Quién es la Chata? MELGHORA. La hija mayor del molinero, que paece una lambrija y tiene un ojo huero. EL GURA. ¿Qué dice á todo esto el tio Inocente? INOCENTE. - Digo que mi mujer miente y remiente. — m — BIELCHORA. A ella le hace regalos, y & mí quisiera verme en cueros vivos; á su mujer á palos las espaldas le mide; á esa moza le da lo que le pide, y dia y noche pasa con ella en el molino, que es su casa: ¿qué estás hiciendo allí? INOCENTE. ¿Qué estoy hiciendo? (respondió el tío Inocente, á tropezones, sus muecas redoblando y contorsiones); la verdá... estoy moliendo. MELGHORA. ¡Vaya! ¡vaya! ¡qué santo! Se acabó, lo que es hoy todo lo canto; óigame usté su historia. — 1Í2 — Cuando el cura defunto, (Dios lo tenga en su gloria) era Inocente sacristán, y el pillo tan largo de uñas era, que atrapaba la cera del altar, y los cuartos del cepillo donde las limosnitas echaban pa las ánimas benditas. El párraco una vez cerca apostado lo cogió en el fregado, y siempre desde entonces le llamó malun puéruriy y algunos, por sospechas, rapavérun. Como él de todo sisa, aguaba el vino puro de la misa, y el vino que sisaba santamente/ después se lo empinaba; pues aunque se figuran que no bebe muchísimas presonas... ¡Señor, coge unas monas! Pero lo que es comer el probecito , — 423 — no le viene de casta; para almorzar hay veces que le basta con dos cuartos y medio de un cabrito.» AI llegar á este punto, echando fuego de rabia por los ojos, como la grana rojos, saltó el tio: «¡Melchora, que te pego! Ya sabes que soy manso lo mismo que un borrego; pero ¡ay de tus costillas si me canso!» Melchora, que desprecia y ve con gran cachaza la tempestad que arrecia y el rayo que amenaza, y que se juzga fuerte un escudo en el párroco mirando, declara á su marido guerra á muerte, é intrépida prosigue de esta suerte: MELCHORA. ((Pues ¿y cuándo jué alcalde? — 124- Nunca justicia amenistró de balde; y aunque son cosas & la gente ocultas ¡yo sé que se ha comido tantas multasl Despidió al pregonero y quitó al secretario, lo propio que al tio Hilario que llevaba diez años de montero, todos unos benditos, sin cometer delitos; y no oyendo razones, colocó, en su lugar, á tres bribones. ¡Dios los cría, señor, y ellos se ajuntan! Entonces con cautelas y misterios, hicieron yo no sé qué gatuperios que al pronto los vecinos no barruntan» mientras la hacienda escasa de los cuatro crecía: ya, al postre, no faltaba quien decía malicioso: ((A fulano ¿sabéis si se le ha muerto algún tío indiano? ¿sabéis si le cayó la lotería?)) — 425 — Mas nadie sospechaba de Inocente; ¿quién sospechado hubiera? pues aunque él robó más que cualisquiera, ¡robó tan santamente!...)) Aquí exclamó el marido, en un tonillo entre si canta ó llora: «¡Que te pego, Melchoral)) Y cogiendo una vara de fresno muy flexible, por sus palabras duras acaso la sentara un poco las costuras, si el sacristán entrando presuroso y sudando, no hubiera dicho al cura: «¡Vengo muerto!)) EL GURA. ¿Qué sucede, Perico? EL SACRISTÁN. Han robado la iglesia. —lid — EL GURA. ¿Es cierto? EL SACRISTÁN. Cierto. EL CURA. ¿Qué falta? EL SACRISTÁN. Una patena... EL CURA. Acaba pronto. EL SACRISTÁN. Un cáliz, las mejores vinajeras, aquellas de las flores... y á mí me falta el juicio... ¡yo estoy tontol -127 — EL GURA. No hay que afligirse, Pedro; en el garKto, si el cielo nos ayuda, caerá, no tengas duda, el autor del delito. Vamos, pues. Tía Melchora, ya hablaremos; Inocente, hasta luego. ¡A ver qué hacemos! INOCENTE. Por mí, sumiso callo; ya pué Melchora levantar el gallo, y subiendo de tono tirarme de las greñas, que nido llamar suele de cigüeñas; desde ahora la perdono, repita que no chisto; más sufrió por nosotros Jesucristo,» En esta confianza párroco y sacristán dejan la choza y la envidiable paz que allí se goza; — 188 — mas ¡ay I que con su ausencia hubo otra danza. Sacó unas disciplinas el marido, de negro alambre y de cordel de azote; y viendo la intención del hotentote Melchora da un chillido, recógese las faldas á la pared volviéndose de espaldas, y pone por escudo al niño, que escurrirse hasta ella pudo; pero el tio, que tiene ímpetus locos, apartóle de allí de un soplamocos. Para abreviar de su venganza el plazo, las disciplinas, bárbaro, enarbola; mas tanto con la furia se atortela, que al levantar el brazo derriba de un codazo fuerte, sonoro y seco, el altar, que por dentro estaba hueco, y de cajón servia ó de alacena á vinajeras, cáliz y patena. — ((¡ Ah, bribón! te cogí,» Melchora exclama. — 129 — — c(¿C6mo es esto, carape?» el rústico responde; pero ella á todo escape, cual toro de Jarama que sale del encierro, corre, y ganando un cerro, con voces tan rabiosas llama al cura, que por poco no arroja la asadura. El párroco recela, al sacristán despide 7 hacia la choza vuela unido con Melchora, que delata al que robó sacrílego la plata. El cual con alegría; «¡Milagro!» repetía; «¡Milagro!» y sin dejar el estribillo que á los otros irrita y encocora, se estuvo milagreando un cuarto de hora; diciendo por contera el milagro en cuestión, de esta manera: — 130- INOCENTE. Así que ustés salieron, dije á Melchora yo: ((corazón mió, toma estas disciplinas, 7 date un par de tandas de las finas, con entusiasmo y brío; mientras pido á los cielos yo, en un verbo, con santas oraciones, descubra los ladrones, 6 las cosas robadas á este siervo.)) Y no hubo más. En el instante mismo vinieron de esas lomas volando tres palomas que en el altar de corcho se posaron; y al decir mi mujer: ((ya tengo cena)) las tres se trasformaron en vinajeras, cáliz y patena.)) Saliendo el cura aquí de sus casillas, caer hizo al villano de rodillas: — Sella (le dijo) sella el labio impuro; — 131 — séllalo, miserable fariseo; hunde en el polvo oscuro la torpe frente, en que grabada veo la profunda maldad que hasta hoy cubriste con hipócrita manto, creyendo así engañar al cielo santo. ¡Ay de tí, si de vida no mudas!... que ya miro tu pobre alma perdida bajar á los infiernos, y en sus negras regiones sufrir martirios bárbaros y eternos. Dios no premia, castiga al que en los labios tiene la virtud como amiga, siendo su corazón sepulcro lleno de vicios, de maldades y de cieno». Melchora con el niño y el anciano partióse, por el santo de su nombre jurando no vivir con aquel hombre, que prometió matarla con su mano. — 132 — Y el rústico devoto, que no quiere el subsidio de su industria pagar en un presidio, mala viendo la cosa resuelve poner pies en polvorosa, ó tomar (cual tradujo cierto escritor francés, que no era lego) la villa de Don Diego. Discurrid, ¡oh lectores! el fin de este Inocente desgraciado, (¡qué iniquidad!) cual jabalí acosado: ¿no lo acertáis?... Pues renegó, señores, y rotas ya sus religiosas trabas, contra nosotros sirve á Muley-Abas. 1860. GANGAS DE LA ÉPOCA. (ÉGLOGA VENATORIA URBANA). PRIMBKA PARTE. El bueno de Mariano^ sencillo provinciano, joven rico y juicioso, al par que apuesto, de una ciudad del Norte vino en cierta ocasión á ver la corte; y como nada aquí que hacer tenía, andaba de jolgorio noche y dia. Una hermosa mañana se dirigió á la Fuente Castellana, en hora en que no acude á la tal Fuente bicho ni alma viviente. -434- excepto algún cesante alicaído de barba sucia y rústica melena: mas los cesantes son alma» en pena. Cambióse la mañana (era de Enero); y de sus cumbres Guadarrama aleve, ya que no lluvia ó nieve, con su soplo sutil, crudo y certero que endurece los barros, mandaba pulmonías y catarros que en apurados trances ponen al que lo reta por capricho: consecuencia: el paseo susodicho, la verdad, ofrecia pocos lances. El mismo pensamiento debió ocurrir á nuestro amigo, cuando sobre los pies girando tomó la cara al sol, la espalda al viento, y encaminóse hacia Madrid silbando. Mas hete que á la vuelta, con un placer que se asemeja al susto, una muchacha vio de ojos de cielo. — 435 — rubia, gallarda, esbelta, en fin, cosa de gusto, barriendo el santo suelo con profusión de seda y terciopelo; y al verla, sin saber si es 6 no fatua, de admiración quedóse hecho una estatua. Murillo, Kafael, insigne Apeles, Canova, Miguel Ángel, Praxitéles, vuestros cuadros y mármoles divinos no valen tres cominos; para Mariano sois unos peleles. Venus encantadora saliendo de la espuma en mar tranquilo que la levanta en vilo; Diana, la cazadora, cruzando de los bosques la maleza, digna rival de Venus en belleza; las hadas de los cuentos orientales, y la primera y última heroína de las novelas todas que, á quintales, suda la imprenta en la nación vecina. — 136 — comparadas con ella en hermosura damas le parecían de estropajo, 7 aun alguna un demonio, un espantajo. De cien mil perfecciones su entusiasmo la dota, y discurre, y agota, y vuelve á imaginar comparaciones; pero es aquella un tipo sin segundo, y nada hay en el mundo que le llegue siquiera á los talones. ((Cuando cante, si canta, 6 cuando hable (le dice su deseo), su voz será un gorjeo, una orquesta divina su garganta: si danza, danzará como una pluma que agita el aire blando, será una flor danzando, será... ella misma, en suma. Y en su trato ¡qué afable y cariñosa! Pura desde la pila del bautismo, no tendfrá su alma un átomo de prosa. — 137 — ni un átomo de vil positivismo.» La acalorada mente un porvenir prométele risueño; contémplase ya dueño de la preciosa jóveñ inocente, á cuyos pies rendia el alma esclava y que sus dulces sueños realizaba. Y tanto adelantó su fantasía, que ya creyendo á poco arrebatarla un beso, de amor loco, el bendito de Dios se relamia. Y más y más castillos la propia mente fabricando, padre (cuádrele 6 no le cuadre) lo hacía de una turba de chiquillos; y ya con éste juega á la pelota, y echa á rodar el aro; con aquel vá á la escuela; uno, le enseña la camisa rota; otro, á llorar á gritos se las pela: estos cuadros futuros — 138 — le proporcionan goces prematuros; 7 como cada vez más se distrae^ la baba^ sin sentirlo, se le cae. Siguióla, pues, la pista, y discurriendo idilio sobre idilio, y planes sobre planes de conquista, Mariano averiguó su domicilio; y averiguó que se llamaba Rosa la blanca aparición apetitosa; que su señor papá (que en paz descanse) fué un hombre muy decente (¡como que fué intendente!); y su mamá, aquel Argos que vio de tiros largos acompañando á la gentil doncella cuyo recuerdo fiel le hace cosquillas, es persona de muchas campanillas. Entró en la casa luego, y aunque al principio torpe cual maruso, pues Amor le tenía tonto y ciego, sitio á la chica puso. I —439 — y su tren de batir arrojó fuego; pero Kosa^ á rendirse no dispuesta, dábale la callada por respuesta; hasta que al fin los bravos campeones contrajeron estrechas relaciones. Algo después, no mucho, de este prólogo, para sí recitaba el pobre chico el siguiente monólogb: «¡Soy un alma de Dios; soy un borrico! Yo, que la hubiera puesto debajo de un fanal, ó con dos velas en camarín honesto, ó encima de un altar, como una cosa adorable, sagrada y misteriosa, ya la odio, la detesto; ya rompo mis fantásticos fanales... ¡allí no hay más que instintos animales! ))¡ Señor! ¿Si habré tenido una venda en los ojos y un copo de algodón en cada oido, para no ver ni oir lo que hoy produce — 140 — mis querellas y enojos? ))Nidos pensé que habría en su garganta de ruiseñores dulces j parleros, mas no hay tales cameros: al hablar^ no grajea^ no confites su voz, ni yemas vierte; parece que apedrea; cuando ayer sin pasión la 'escuché en cahna se me cayó á los pies, de pena, el alma. Viendo que muchos tontos con cien iravos acogen sus horribles galli-pavos en soirées 6 nocturnas reuniones, canta sin fin, de vanidad convulsa; y si á las teclas llega, no las pulsa, les dá de bofetones; como si les jurase eterna saña, furiosa las araña. Un periódico luego, con descaro inaudito, dice que todo estuvo muy bonito, que Rosita cantó... como ella sola. — 141 — y de uno en otro, así, rueda la bola. ))Que sepa una muchacha turco y griego no es crimen, y aun es cosa muy laudable; pero que, á todas horas, hable y hable (mientras á olvido el español relega) en extranjero idioma hasta á la torpe fámula manchega, que se queda en ayunas, merece de la sátira el azote, sin que el sexo le sirva de reparo; yo á quien tal haga 6 piense la declaro tonta de capirote. ))Rosa aprendió francés, y la enamora á tal punto, que piensa, y come, y viste, y del altar al pié, que es lo más triste, á Dios, en francés, ora: la niña se figura de mal tono hasta su excelso trono subir en alas de oración sencilla, compuesta en el idioma de Castilla, el cual, según mi abuelo. — 142 — es el único que hablan en el cielo. ))Como de artista y genio se las echa, con la solfa el pincel temible turna, j lienzos embadurna, quedando siempre alegre y satisfecha. Aquí, pega un brochazo, allá, un chafarrinazo; ya traza un edificio que aflige al que lo entiende; ya, de entusiasmo llena y de coraje, intrépida la emprende en pos con el paisaje; y de naturaleza ultraja de tal modo la belleza, que, en vez de convidar á disifrutarla aquel conjunto frió, insulso, muerto, dá ganas de vivir en un desierto. ))Si á cualquiera retrata, no se anda con escrúpulos de monja, la Verdad acuchilla, insulta y mata; pero siempre en acecho, la Lisonja, — 143 — original y copia comparando: ((¡El es (dice asombrada) si está hablando!» «¡Oh! si hablara, y tan bello su lenguaje ñiera como el retrato de agua-chirle, habría que marcharse por no oirle. ))Porque su educación Rosa complete la mamá se desvela; quiere que manejar sepa el florete; ya tira la pistola, y monta á la alta escuela^ y, cual buena española, todas las noches al Real concurre, y se entusiasma con placer extraño, y dos veces alano en el desierto Príncipe se aburre; y no falta á los toros, ni (aunque tenga ya tísico el peculio), nuestras bellas montañas con elegancia desdeñando, en Julio á naciones extrañas deja de dar, por nada, un mal vistazo. — 144 — para venir^ después de quince dias^ á decir de nosotros perrerías, con aquella lindeza de que El África empieza... ))Mi corazón de niño buscaba un corazón tierno 7 sensible, tesoro de virtud y de cariño, buscaba un ideal, un imposible; mas también, lo confieso, no habiéndolo encontrado, se hubiese contentado con cualquiera mujer de carne y hueso, aplicada, hacendosa, fiel, sencilla y casera, para emprender la conyugal carrera; ¡pero si la tal Bosa (que sólo el viento del orgullo mece) ni siente, ni padece! ¡Cuánta, en este bendito Madrid, con sólo su aire y su palmito, colgándose un guiñapo — i46 — es capaz de pegársela al más guapo! » Antes de conocerla á fondo, como ahora, llamábala yo perla de Oriente encantadora, virgen de ojos azules, lucero de mis noches; y ella siempre de cintas y de tules, de yeguas y de coches, de trajes, aderezos y modistas, de buffets suculentos me hablaba, y de las fáciles conquistas que tales elementos proporcionan á muchas, que serán, de seguro, buenas truchas. ))Mi elocuencia amorosa á lo mejor cortaba (distraída, quizá, mi linda Rosa) con sus eternos treses, Jlotante^ diferida^ dividendos, acciones, iO -146 — láminaSy intereses^ cotización^ cupones^ j otras palabras cien y locuciones de la bursátil jerigonza oscura^ que hoy toda criatura (no afirmaré que ladre) habla ya desde el vientre de su madre. ))La suya, con sentencias y consejos, clarísimos espejos de la codicia vil, del ansia de oro que la devora y la consume, borra en su único tesoro, en la hija que salió de sus entrañas, toda noble pasión é impulso noble, y en duro mármol la convierte, 6 roble. ))¿Qué candorosa chica al cabo no claudica, oyendo repetir eternamente la colección de máximas siguiente? — (LHombre sin cuartos y mujer sin galas son pájaros sin alas. -i47 — — Más sustancia dan cuatro cañamones^ que veinte mil quinientas ilusiones. — Aténgome á la prueba, que el viento plumas y palabras lleva. — El que tiene dineros, como dice el refrán, pinta panderos. — Aquel que no trae soga, de sed, otro refrán, diz que se ahoga. — El amor pasa pronto, más dura un rigodón, un wals, un tango; el mundo es un fandango, quien no lo baila, un tonto. — Se acaban los amores, y quedan los dolores. — En casa rica 6 llena pronto se hace la cena; en la que no hay harina, anda todo al revés, todo es mohina. — ¿ Quién dice que los hombres son iguales? Mentira; tanto tienes, tanto vales.)) — ))Con esta educación, que yo abomino. — i48 — pues en plazos más cortos 6 más largos frutos produce insípidos j amargos^ la mamá^ palomino atontado^ cabeza sin aplomo^ entendimiento romo, pero que tiene y guarda su gramática parda que le sirve de norte y de gobierno para cazar un yerno buen mozo, de riqueza y casa grandes, presume que una pica pone en Flandes. Y como es tan lechuza, no saliéndole un novio á la doncella como se pinta en sus ensueños ella, capaz es de entregarla al moro Muza, si es hombre (de años verdes 6 maduros) que no se deje ahorcar por cien mil duros. ¡Pobre del que se clave en el anzuelo y tenga que cargar con el mochuelo, creyéndolo una pesca de importancia! Lo que es yo, no le arriendo la ganancia. -149- )) Ya conociendo la mamá-culebra la frialdad con que mi amor se exhibe^ mis visitas^ como ántes^ no celebra, y me ha echado tres veces el quién vive y así exclamando en tono de chorlito: — ¿Viene usted con buen fin, caballerito?... — ¡Señora... usted me ofende I... — Perdone usted, Mariano... — ¡Qué prisa! — ¡No es en vanof Usted sabe muy bien que la pretende el marqués del Jilguero... — Un venerable anciano. — Es hombre que venero, y para mí, sin duda, venerable: por lo demás, su edad es aceptable; aun lo hallo fresco... — Sí, con la frescura del que está con el pié en la sepultura. — Pues yo, fuera de varias cicatrices, efectos de guerreros rifi-rafes ; — 150 — de que es un poco sordo; de que tiene comidas las narices ^ y en fin, de que pudiera estar más gordo... — ¡Señora, si está lleno de alifafes! — Bien ¿y qué?.. Yo esas cosas equilibro con su cuna y sus prendas; ¡es gran hombre! ¡Con decir que su nombre figura dignamente en el Gran Libro, y que tiene en el Banco de Inglaterra al pié de dos millones!... ¡Mariano, ya usted vé, todos los dias no salen tan bonitas proporciones! — Señora, hablando en plata, eso es lo mismo que decir que estorbo. — No, señor; pero tanto se dilata la explicación veraz de sus proyectos... —¡Por el cólera-morbo! Mi honra, mi... — No se apure, tranquilícese usted, su honra no mancho, y sentiré en el alma se figure que pretendo con maña echarle el gancho. Pero como soy madre^ le repito: ¿Viene usted con buen fin, caballerito? — Sí (la voy á decir; ya estoy quemado): vengo con fin honrado; la muchacha me gusta como al ratón el queso, y con ella contraigo matrimonio, aunque rabie el demonio... cuando ella tenga corazón y seso.)) Aquí de su monólogo llegaba Mariano, cuando el sueño lentamente posándose en su frente, los párpados, ya flojos, le entornaba. Y yo, lector prudente, para que más paciencia, sufriéndome, y más tiempo no derroches, voyme á dormir también con tu licencia, pues al remate de mi historia toco: — 152 — ¡vaya, adiós, buenas noches, salud, y divertirse, y gastar poool ¡Ahí Sabe que la madre de Rosita, con red oculta y con reclamo artero cazó al pobre Jilguero, cuya sangre infeliz ya tiene frita; que él á la joven desposada abnmia con su amor trasnochado, que la apesta más que sus toses, flatos y reúma; y en fin que, cual vampiros 6 alimañas, hija y madre le chupan las entrañas con ligereza suma: ¡pronto el Jilguero quedará sin plumal 1863. SEQUNDA PARTE (1). Entre tantos jilgueros que, con picos parleros, de rústica armonía llenaban el Betiro cierto dia , uno solo, infeliz, mal afeitado, con sucio tapabocas de á seis reales, sombrero apabullado cuya moda no habrá quien hoy recuerde, y capa con señales de que no son las capas inmortales y de que todo, al fin, se gasta ó pierde, lo mismo que las botas (1) Esta porte es inédita. — iK4 — por la suela, el tacón y el corte rotas, la superficie contemplando verde (cual si tomase el fresco) del Estanque chinesco y murmuraba miserias de la vida con gestos y mirar de suicida. «¡Ay de mí 1 ¿ Quién dijera, tres años há, que Kosa, aquella flor galana y olorosa, tanta espina tuviera? ¡ Y que no me resuelva yo á eximirme de la pasión brutal que me domina , cuando sintiendo el alma está la espina ! Sí, voy á zambullirme en el agua corrupta del estanque; ya la copa he bebido hasta las heces ; un valeroso arranque, y acaban mis dolores, y me engullen los peces que al sol muestran, saltando, sus colores. ))Llámame mi consorte viejo fútil. — i»5- momia que inspira horror, marido inútil, cruz de su matrimonio y falso testimonio que levantó la fama á su albedrio , pues nunca libremente hubiera rebajádose á tal ente , á tan absurdo tio: ¡ este consuelo ofrece á mi abandono I ¿Acaso es culpa mia , ni yo abono el flato que me aqueja? ¿Puedo yo reparar los desperfectos de esta máquina vieja, de esta armazón huesosa, ni dar á los afectos en que mi pecho asmático rebosa , el fuego aquel y varonil encanto que gusta á las mujeres tanto y tanto?... ¿No juró de soltera, por su vida, que mi nariz comida y la color del rostro , yerta y lacia, le hacian suma gracia? — 156 — ¿No hallaba en mi cabeza, huérfana de pelambre , (¡Señor, lo que es el hambre I) respetabilidad, esprit, nobleza?... ¿Pues cómo goza dura de este anciano en la negra desventura? — a^Cómo?)) (la estoy oyendo); a¿* Cómof)) (dirá) (ncomiendo.r) — I Tan vil es el lenguaje que escucho en mi abyección y vasallaje ! ))Casas y coches, treses y cortijos, y otros bienes prolijos que formaban mi enorme patrimonio , se los llevó el demonio: ¡y aun hija y madre, á ratos, me preguntan con cinica insolencia, ¿por qué mentí opulencia, siendo , no más , un triste pelagatos? ))¡ Yo me tiro al estanque I j Ya me gozo en mi última agonía! ¡Ya el agua, turbia y fría. — 157- . penetra por mi boca é borbotones ! Con júbilo feroz, de ella me apipo; me descoyunta el hipo; soy todo contorsiones ; bascan los dedos gafos donde asirse , y entre ellos siento el líquido escurrirse ; turba mis ojos funeraria nube, y ya invasora sube la hinchazón por el pecho y me estrangula; no me salva la bula... ¡Se acabó!... ¡me asfixiél mi cuerpo flota cual ligera pelota sobre el húmedo abismo... ¡Y gorjean los pájaros lo mismo que siempre , del follaje en lo profundo ! Haya un cadáver más ¿qué importa al mundoH Discurso tal arranca el delirio al marqués, pues pierde el seso; fatigado en esceso, aun quiere hablar, pero su voz se atranca; desnúdase de tocas , — 158 — es decir ^ de la capa j tapabocas: y tomando carrera, para salvar de un brinco la barrera que se opone & su intento , estas solas palabras echa al viento : «Concluya la partida: ¡unal... ¡dos!... ¡á las tres vá la vencida!» Y con arrojo sumo, á realizar se apresta la del humo, corriendo ya, sin pizca de ilusiones, como si alas llevase en los talones , cuando un amigo suyo , malagueño, á pocos pasos grítale risueño: — ((¡Qué ocurrensia! ¡qué grasia! ¿Aprende uzté gimnasia? Conviene el ejersisio, marqués, pero no tanto que le zaque de quisio la zalú, y ze lo lleve al Campozanto» ¡Bahl levante la ropa y deje zu manía; — 159 — ¿qué trizte no zería zacarlo del eztanque hecho una zopa? — ¡Es verdad! — Puez conose zu locura^ obedesca y chiton. — ¡Ay, Jarabillo, mi mal no tiene cura I — ¿N6?... tendrá monaguillo. — ¡Dichoso usted, que & broma hasta lo serio de la vida tomal — ¿De reir no dá gana, que intente un hombre convertirze en rana? — Yo no soy hombre ya, soy un compendio de miserias I — ¿Y qué? ¿Y ezo le crizpa?... Zi uzté, amiguito, ez chizpa, otroz zon el insendio. Otroz tienen , y en grande, el monopolio del dolor: zi en octavo hase el rezumen, (y lo ez uzté) un volumen, elloz zon la obra entera , la obra en folio. — 160- — ¡Buen consuelo de tripas! — ¿Buen conzuelo? Zaque usté loz que tiene almasenados y juro , por el sielo , que le han de bendesir loz dezgrasiados. ¡Eh! renunsie á zu eztúpida tragedia 5 indigna de un criztiano y hombre grave. — ¡Ay^ Jarabillo amado^ usted no sabe de la misa á la media!» Y aquí tose de un modo lastimero el marqués del Jilguero, á quien no hay cosa ya que no constipe. — ((Si este catarro crudo, si esta gripe, y este... todo (prosigue enronquecido) contar las penas mias me dejaran, los mármoles más duros se ablandaran. — Lo v^o algo difísil ; cabalmente (observa Jarabillo , con risita) no hay mármol por aquí; pero corriente , ya que uzté dezahogarze nesesita, el catarro aliviemoz , — i61 — yo zé lo que lo aplaca: ¿quiere uzté que tomemoz... —El qué?... — Leche de vaca. — ¡Si la hubiese de burra! — No evazivaz dizcurra. — En fin, quizá un cuartillo... — Andando, puez, — repone Jarabillo.» En la casa de vacas, entre un sorba y otro, de leche dulce y espumosa, cuenta lo que el lector sabe de Rosa, el marqués, jadeante , á su meditabundo acompañante , que le oye con paciencia: así que hubo acabado, — Márquez, en el pecado (exclama) lleva uzté la penitensia. — Yo no he pecado en nada. — N6? ¿Quién mete un ansiano á cadete? ¿Cuándo ze apagó el fuego de una fragua ii — 162 — con una gota de agua ? Porque fragua ez el pecho de una mosa que juventú, bellesa y bríoz gosa. ¿Ni qué leona hambrienta, con un huezo pelado ze contenta? Que un memo lo prezuma... ¡Vamoz! paze; pero que un hombre como uzté, dizcreto, con pretenzion rizible jaleaze el endeble ezqueleto, detráz de una muchacha que, del veztido con el aire zólo , (y no ha de zer el aire muy manólo) zi quiere, al otro mundo le dezpacha; ezto, perdóneme, no ze consibe; de milagro uzté vive. — ¿He obrado torpemente? confesaré mi yerro: mas, ¿quita lo cortés á lo valiente? En vez de darme un trato horrible, perro, ¿no ha podido esa fiera, tratarme bien , por compasión siquiera? — i63 — — ¿Quién lo duda? — Yo un dia, estando mi riqueza ya en sus fines^ dije á Eosa: «Hija mia^ ))me tienes que zurcir los calcetines.» — Y ella, ¿qué rezpondió? —((No me rebajo; ))uunca, gracias á Dios, cosí un zancajo; })oficios tan., así., tan., pues! son buenos ))para gente de poco más ó menos.» Enfermo, y pido un caldo; mi voz flaca un ataque de nervios la ocasiona: — ((¡Vamos, está de humor el viejo chusco! ))Busque usted (me contesta) una fregona ))que , pegada al fogón como un molusco, ))se pase el dia entero «esclava del puchero, ))y el cutis suave se le vuelva lija ))á fuerza de fregar cada vasija; wque yo mi blanca mano ))para el pincel reservo y el piano. — 164 — ))rindiendo á los dos parias^ ))cual otras á las artes culinarias.)) — ¡Oh, Jilguero infelísl — Sé que taladro el corazón de usted, mi dulce amigo. — Proziga uzté. — Prosigo: una vez, delirante, cojo un cuadro original de Kosa, (que ella siempre ha tenido por gran cosa) pensando que el producto de obra tan estupenda, por muy mal que se venda , 6 ha de subir á cinco, á seis mil pesos, 6 los marchantes son unos camuesos. Jarabillo, corrí de punta á punta la población, corríla por ensalmo, (no miento) con un palmo de lengua fuera de la boca, y, muerto, de mi chiribitil tomé al desierto. —¿Y el cuadro? — 165 — — Uno había dicho con punzante ironía, sin mirarlo siquiera: ({¡Qué Kndol en un apuro, bien podría ))servir para tapar una gatera.» Otro, con ironía más profunda, soltó un elogio-tunda, diciendo: ((¡Es acabado! ))¡Qué perspectiva y árboles y ambientel ))¡qué color de paisaje!... propiamente ))no parece, sino que lo han pintado.» Un caballero, en fin, caritativo, según pública fama, y en cuyo rostro al vivo se vé de compasión la dulce llama, enterándose á fondo de mis males, me ofreció por el cuadro... ¡siete reales! — ¡Fué una barbaridá! — Cierta señora buscaba profesora de pintura y de canto — 166 — para sus hijas... pues, señor, mejplanto en su casa corriendo, y á Kosa, que lo ignora, recomiendo. ((¿Está usted en su juicio? ))(la señora contesta, ))Con la faz descompuesta , ))sin saber que la joven elogiada ))conmigo está casada). ))¿Por dónde se figura ))(prosigue) esa mujer, que de pintura ))y de música entiende, ))cuando en las reuniones ))á que ella concurria, hará un trienio, ))sólo cuatro burlones ))en decir se empeñaban que era un genio?» Entonces, bondadoso Jarabillo, lo estéril conocí de la enseñanza mujeril que en la corte está en usanza, y con la cual, aprovechando un pronto, la mozuela más tonta, pesca un tonto.» De hablar el marqués deja ; — 167 — resignación el otro le aconseja^ buen remedio, al alcance (ya después de comido, ya en ayunas), de todas las fortunas en cualquier negro trance; pero al que apelan pocos por débiles , por necios ó por locos ; y guerra declarando á las mujeres , cada cual se retira á sus quehaceres. En su casa el marqués entra difunto; su fealdad sublime llega á un punto, que hasta hermoso, á su lado, pareciera quizá un desenterrado ; y, sin embargo , Rosa lo estruja contra el pecho cariñosa, y con amante esceso, ¡horrorl le estampa en la mejilla un beso, delante de Ricardo, rubio doncel gallardo, á quien Rosa profesa una amistad profunda... algo francesa. — 168 — y que en la casa, creo, es una especie... así... de Cirineo. — c(El corazón (prorumpe) se me parte, ¡oh dueño idolatrado de mi vida ! Perdona, esposo, mi esquivez fingida; he querido probarte, y ver si tu firmeza era 6 no superior á mi aspereza, pues en otros jardines recelaba que mi Jilguero (¡nécial) ya cantaba!» Y antes que se recobre de su asombro el marqués, cerrando el pico le dá de Puerto Rico una carta sin sobre; en cuya carta él vé que un su pariente estando en la agonia, ó cerca, á su favor testado habia , dejándole una herencia muy decente. — ¿Lo vés? (le dice Rosa) el cielo premia tu virtud! — Y él responde: — El premio admito. — 169 — pero pienso gozarlo yo sólito. — ¡Cómol — ¿Cómo?... Comiendo, y será lo mejor, á lo que entiendo, aunque con voz me digas, tentadora, que mi nariz comida te enamora, y te hace suma gracia la color de mi rostro, yerta y lacia. ¿No has trucado, bien mió?... Yo retruco, y con mucho salero. — Eres vil y cobarde. — ¡Quiál soy cuco; y es el cuco más cuco que el Jilguero.» Así el marqués hablando, toma el tole; súbito su persona reverdece, y anda con aire boleril... parece que vá á bailar el ole ; tanto, que en la escalera, un tal Clavijo, persona de confianza, asi en tono de chanza «¡Viva lo bueno!» con placer le dijo. — 170 — Mírense las doncellas j doncellos en este matrimonio ^ á menos que no quieran ellas 7 ellos dar que hacer al demonio; y que sin caridad^ la mejor noche^ tras años de consorcio nada bellos^ se los lleve... y no en coche. 1867. EPÍGRAMAS. EPÍGRAMAS. 1. El avaro Pedro Araña perdió un hijo militar; llóralo á la faz de España^ pero por más que oro apaña luto no quiere comprar. Y aun hipócrita y astuto, á.todo el que, con razón, le recuerda aqtiel tributo, suele responder: — Yo el luto lo llevo en el corazón. — 174- 2. De embajador vá Marcial á regiones apartadas, y por Dios, no lo hará mal, pues no conoce rival en materia de embajadas. 3. A Lenguada (hombre profundo, según él) en un café preguntó un dia José: — ¿Cuántas partes tiene el mundo? ¿A que no lo sabe usté? — ¿A que sí? (dijo Lenguada, con presunción rematada): aire, tierra, mar y fuego. — Y José repuso luego, sin detenerse: — Y cebada. 4. Jugando á la banca, Antón — 175- dobló un caballo en el ¡fallo; dijo: — Entres/ — y don Simón exclamó: — Yo soy caballo; — y le sobraba razón. 5. Queriendo vagar un dia. Hierros, poeta novel, fué á visitar á Miguel, crítico atroz de alma fria, que, por tinta, gasta hiél. — ¿A qué debo tanto honor?- dijo éste, y repuso Hierros: — Vi el tiempo tan seductor, que me dije: «pues señor, voy á echar la tarde á perros». 6. De un solemne bofetón satisfacción pide Estrada, y se la dá Meliton — 176-^ con una buena estocada... ¡No es mala satisfacción! 7. — ¡Fuego! ¡fuego! ¡fuego! — brama Navarro, viejo impaciente, que, constipado en la cama, cuando una cosa reclama jamás lentitud consiente. Corre, creyéndolo frito, la familia de Navarro; mas vé, con gozo infinito, que lo que pide el maldito es fuego... para el cigarro. 8. Tomándolo casi, Abdon un beso pide á Consuelo, y ella cede á su pasión, pues le dá, de un bofetón, á besar... el santo suelo. — 177 — 9. Describiendo bailes dados, hoy refiere La Verdad que la señora de Estrados recibe á los convidados con mucha amabilidad. Lo sospeché, francamente; que, aunque impulsos levantiscos dicen que esa dama siente, ¿ha de obsequiar á la gente con trancazos y mordiscos? 10. (*) De noche, en diciembre, y tarde, retirándose á su casa un chusco, amigo de guasa, llamó en la de un tal Velarde dispuesto á dormir sin tasa. — ¿Qué hay? — dijo en son de reproche (*) El pensamiento de este epigrama está tomado de un 9U- cedido que el vulgo refiere- (N. del A.) 12 — 178 — éste, ya en el balcón frió; y aquel: — Nada, señor mió ; pase usted muy buena noche y guárdese del rocío. 11. A los pies de un mal autor echaron coronas tres; fué justicia, no favor, pues la obra, que hace furor, está escrita con los pies. 12. Doña Tecla, la de Yecla, es Tecla muy singular. — Por qué? — Porque es una tecla que no se deja tocar. 13. Andrés, cuyo lujo espanta^ es tipo de cortesanos^ — 179 — pero sobre todo encanta la pulcritud de sus manos. Y esto es lo raro en Andrés^ pues te dirá^ si á él te acercas^ que tan sólo tiene al mes dos onzas... y manos puercas. 14. Ya á favor de Bosa arguyo, mentí, no es tacaña Bosa; es mujer tan generosa que no tiene nada suyo. 15. El mastuerzo de Canuto un hijo tiene estudiante; él dice que es un diamante, y añaden otros: en bruto. 16. Un hombre de gran descaro — 180 — amenazó iotro sugeto con reTdar un secreto , diciendo: — ^Yo soy muy daro. — Y no mintió , por mi cuenta, pues^ aunque alguno se ascnubre^ está de ayunar el hombre que todo se trasparenta. 17. Dijo á Pepe un tal Rodajas, lamentando sus lacerias: — ^¿Quiere salir de miserias? Pues no se duerma en las pajas. — ¡Oh, será mi dicha suma I (respondió al punto José) : señor, regáleme usté unos colchones de pluma. 18. — ^Sabe usted, doña Narcisa, lo que dice Lúeas Huerta? - 181 - Que por él está usted muerta. —Sí señor, muerta... de risa. 19. -^¡Ayl ¡Ayl — ^repitió Garay en sus instantes postreros, y alegres los herederos dijeron: — ¡Ha dicho que hayl— Y era verdad, pues sin dolo, y con testamento en mano, asi exclamo el escribano: — Hay... pero deudas tan sólo. 20. Despidiéndose Bautista, dijo á Fernandez Lamego : — ¡Vaya, adiós ^ hasta la vista 1 — y Fernandez era ciego. 21. Mosca xoñ llama Verdejo, — 182- que está del vicio lacrado, porque, cual mosca pesado, vida mejor le aconsejo. Mas he de ver si le halaga, que una vez, con cara fosca, le diga: — Si yo la mosca. Verdejo, tú eres la llaga. 22. Aceptando una cartera, el político Solís jura que hace un sacrificio; y es verdad... el del país. 23. Por casar á Irene pronto con Fabio, doña Esperanza de él la dijo en alabanza: — No tiene pelo de tonto. — Mas como ya ostenta Fabio gran calva, respondió Irene : — 183 — — Pelo de tonto no tiene, pero tampoco de sabio. 24. Con sus obras detestables, hace Blas gemir las prensas ; no es lo malo que ellas giman , sino que giman las letras. 25. Al bajar Inés de un coche, ¡cielo santo, lo que vi!... Pero eres, lector, curioso y no te lo he de decir. 26. Juan el pedante, al Simplón, (que de España está lejano) en cuanto empiece el verano vá á hacer una espedicion. Yo su voluntad respeto , -184- pero le diría así: — Juan , hazla dentro de tí, y conseguirás tu objeto. 27- De honrada cuna y brillante que desciende jura Blas, aristócrata tunante: cierto , desciende bastante, no puede descender más. 28. Que esté raso ú enemiga tormenta furiosa estalle, ha de ir Lola por la calle enseñando hasta la liga. De salud quiere hacer gala , y , en efecto , la morena tiene una pierna muy buena.. • el doctor dice que mala. — i85 — 29. Un chato muy presumido llamó á un hombre narizotas , y éste dijo: — ¡Ya quisieras tener las que á mí me sobran ! 30. Un envidioso murió, pero en su nicho, despierto, el saber que estaba muerto no fué lo que más sintió. Tampoco , si mal no arguyo , fué su agujero mezquino , sino el ver que el del vecino era más ancho que el suyo. 31. — ¡Anda con Dios, vida mial- dijo un viejo á Lola bella ; y estaba que se moria el pobre, por causa de ella. — 186 — 32. Sabe que paño le quita el sastre Félix Montano, y con todo le dá paño Fraga, para una levita. — ¡Qué tonto (dirán) es Fraga!- y yo respondo: — ¡Qué tuno! pues si paño sisa el uno, el otro hechuras no paga. 33. Olivenza (Don Cenon) que por ser visto y medrar renegó, siendo un pelgar, obtuvo una posición. Y tan alta, que Olivenza en breve fué, por sus artes, visto desde todas partes... como su poca vergüenza. 187 — 34. Juan dijo al hortera Antón que acababa de extender el debe con el haber: — Suma^ y el líquido pon. — Y creyendo obrar con tino, puso Antón, no sin deleite: — Dos grandes zafras de aceite y diez arrobas de vino. 35. Con las obras que á destajo dá cierto mozo á la prensa, á su gloria erijir piensa un pedestal, y no bajo. Oiga la pura verdad y téngala en la memoria: no lo erije, no, á su gloria, lo erije á su necedad. — 188 — 36. Dijo á un astur Nicolás^ viendo cuánto resistía jugar á la loteria: — Pon, tontu, que cogerás. — No fueron anuncios vanos, pues, yunque el astur perdió ,^ de la rabia que le dio cogió... el cielo con las manos.. 37. Blas, con ojos de malicia^ un cartel mirando estaba que un libro nuevo anunciaba titulado La Justicia. Leyólo, y no dijo amén; pero al ver: Se vende aquiy torciendo el gesto, habló así: — Y en otras partes también. — 189 — 38'. Ahora acabo de saber que en los thés que dá Sarasa^ hace su linda mujer los honores de la cas^. Aunque la nueva me place, mi gozo será mayor si quien los honores hace consigue hacer el honor. 39. Hoy, tras un año. corrido sin verlo en parte ninguna, á Paredes las de Muña dijeron: — ¡Hola, perdido ! — A cuya frase Paredes , por causa igual, á su vez, respondió con sencillez: — Las perdidas son ustedes. — 190 — 40. Dijo Zaxasas prudente: — Si algún día busco esposa^ he de buscarla juiciosa, y casera especialmente.-^ Y en efecto, el buen Zarasas á poco halló compañera en una mujer casera, es decir, que tiene casas. 41. A Juana , que es un cartón bien algodonado á trechos , dice Evaristo Morquecbos que de pecbos yí6 al balcón: no diga: (da vi de pechos^ sino: (da vi de álgodon.íi rasi. ÍNDICE. Fáes. Prólogo v IDILIOS Y ÉGLOGAS. Otra Edad de Oro 25 Pastores al natural 3^ Los Mayorazgos 67 Peroances de la vida 85 Detrás de la cruz el diablo 107 Gangas de la época 133 EPÍGBAMAS. Epigramas 173 OBRAS DE3L. AUTOR. Reales. ELEGÍAS) 1 Yol., edición elegante, con un pre- cioso retrato 8 Armonías y Cantares, 1 voL, edición igual á la de La Arcadia Moderna 8 Inspiraciones, 1 vol. , igual al de La Arca- dia Moderna, edición elzeviriana ooc un retrato del autor, grabado en acero. ... 10 Proverbios ejemplares, 1.' y 2.* series. Cuadros y novelas de costumbres, 2 vols. • 20 Bl Mundo al revés, edición ilustrada con abundancia de grabados, 2 grandes vols. . 36 Limones áqrios. Novelas, cuentos, cuadros de costumbres. 1 vol 14 EN PRENSA. Proverbios ejemplares. Está en prensa la 3." y última serie 10 Se venden en las principales librerías. Las Elegías, las Inspiraciones y La Arcadia Moderna, pueden adquirirse también por las personas de pro- vincias , haciendo el pedido directamente al autor, calle del Carmen, núm. 42, cuarto tercero, con la circunstancia precisa de incluir el importe en sellos de correos ó en libranzas del Giro mutuo, sin cuyo requisito no se servirá.